
Finalizada la liga española 2008/09 en primera división es el momento de los análisis. Arrimaremos la sardina al ascua que más nos interesa y analizaremos el fútbol cantábrico, otrora un fútbol dominador en la liga española.
El mejor clasificado es el Deportivo de La Coruña, que a pesar de verse ubicado en un honroso séptimo lugar no ve cumplidos sus objetivos de jugar la liga europea.
El resto de equipos del Cantábrico ha cosechado una pobre clasificación: Racing de Santander, Athletic de Bilbao y Sporting de Gijón, ubicados en 12ª, 13ª y 14ª posición respectivamente, han culminado una temporada discreta, salvando la categoría por todo objetivo.
En esta nómina de equipos del Cantábrico añadiré a Osasuna, que ha quedado en 15ª posición, a un punto del descenso. A pesar de que las costas de Navarra son bañadas por los Pirineos, está claro que el fútbol de los pamploneses es más atlántico que mediterráneo.
Pero, ¿dónde están otros clásicos de la primera división española?
La Real Sociedad de San Sebastián deberá esperar un año más para intentar su vuelta a la división de oro (llamada así por los ubérrimos presupuestos que se manejan). El Celta de Vigo lucha codo con codo con el Alavés por evitar el descenso a la gris segunda B a falta de dos jornadas. Por cierto, el Eibar, un clásico de la segunda división, ya tiene reservada plaza para el año que viene en segunda B.
El Barakaldo C.F., abonado durante treinta temporadas a la segunda división, tiene fijado su coto en segunda B desde hace tiempo, igual que el Pontevedra C.F. que militó durante seis temporadas en primera división. Este año ambos coincidieron en el grupo I, una suerte de liga cantábrica
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El Real Oviedo (treinta y ocho temporadas en primera división) y la meteórica y fugaz Sociedad Deportiva Compostela se han peleado este año en sus respectivas ligas regionales, la oscura tercera división. Ambos se han ganado el ascenso, pero viven en carnes propias uno de los males del descenso de categoría.
A medida que pasa el tiempo el equipo se va llenando de jugadores cuyo nivel es acorde con la división en la que militan. Así pues, están plagados de figuras de la tercera división. Esto hace complicado plantearse un ascenso inmediato a otras categorías más doradas. Lo mismo sirve para los de la Bella Easo y los de las Rias Baixas. Es su sino: retornar pronto o llenarse de jugadores que no son de primera división.
El dinero que generan estas divisiones de cobre no alcanza para pagar las deudas a los proveedores o los impagos a jugadores. Y los entes locales ya están más que esquilmados y los contribuyentes en pie de guerra. No es de justicia sufragar con dinero público las veleidades privadas.
Concluimos, pues, que el fútbol de nuestras tierras está de capa caída. Caracterizados por un fútbol más directo y más físico, alejado del virtuoso juego de otras latitudes, nuestros equipos se identifican por una importante apuesta por la cantera, salvo el Depor, el mejor clasificado, que hace más gala del talonario que del oscuro trabajo de formación.
El fútbol del sur y el del Mediterráneo, tirando también más de cartera que de cantera, están gozando de mayor éxito que el fútbol del Cantábrico.
Una vez presentada la evidencia de la devaluación de nuestro fútbol, toca un debate que dejo gustoso en manos de los expertos.
Permítaseme, empero, apuntar una de tantas teorías, pues nunca existe un motivo singular, sino una serie de circunstancias a tener en cuenta en diferente medida.
Cuenta la leyenda —urbana, sin duda— que el cambio climático tiene mucho que ver en nuestra decadencia y declive. La liga española se desarrolla principalmente en lo que siempre fue la época de lluvias: entre octubre y abril nuestro Cantábrico era especialmente pluvioso. Y en el norte ha dejado de llover con abundancia en esos meses.
Nuestro juego, adaptado a campos encharcados en los que se forjaron no hace tanto nuestros jugadores, se ve desbordado por los equipos del Mediterráneo, quienes en sus desplazamientos a la Cornisa Cantábrica se encuentran en campos de secano sobre los que dibujar con precisión su fútbol artístico. Y así, jugando siempre en campo propio, puntúan más que los nuestros.
laaguja también escribe en El Espectador