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Duelo de porteros

Lo que ayer prometía ser un apasionante duelo entre dos naciones tan separadas como unidas por los azares socio-históricos, acabó siendo un simple duelo entre dos porteros empeñados en demostrar al mundo que cualquiera puede llegar a la selección de su país. Lejos del apasionante Casillas – Bufón del domingo pasado, no sé si ayer fue peor Rüstu o Lehmann. Porque Lehmann falló dos veces, con sendos goles de Turquía, pero es que Lehmann es así de malo. Sin embargo, lo de Rüstu, que podríamos decir que sólo falló en el gol de Klose, no sé si es incluso peor. Ya en el partido contra Croacia no estuvo muy fino, pero decir de lo de ayer que salió a cazar mariposas es ser demasiado benévolo. Es un error de bulto, propio de un infantil, y más cuando tienes delante a un Klose de 1’82 que salta como un muelle. Volkan estará ahora arrepintiéndose de aquel empujón a Kholler (otro día hablaré, ya pasada la Eurocopa, de las actuaciones arbitrales) que le costó dos partidos de sanción y que esperemos que le sirva para templar el ánimo, que ya le ha dado más de un disgusto.

Quizás deberíamos estar agradecidos a la patente debilidad de las defensas en este campeonato y a la cada vez menor especialización de los porteros, ya que gracias a ellos estamos viendo goles, emoción y finales de infarto. Pero eso lo agradecemos los espectadores neutrales. Supongo que ni los turcos ni los alemanes estarían ayer muy agradecidos a sus guardametas. Hoy, los turcos seguirán lamentándose y los alemanes agradecen a los cielos que Lehmann no haya marchitado su perenne flor: 3 chuts a puerta = 3 goles.

De todos modos, una buena noticia se desprende de todo esto, sobre todo para rusos y españoles. Pase quien pase hoy a la final, los delanteros le sacarán brillo a las botas con la imagen de Lehmann bajo palos enfrente suyo. Se les hace la boca agua sólo de pensarlo…

BBC Alemania no cree en sorpresas
Vale Chumbar Basta de milagros

¡Cómo nos gusta este deporte!

Sé que este blog es leído por gente de todo el mundo. Sé por ello que igual alguien no pueda llegar a entender lo que sentimos hoy los españoles. Pero yo tenía pensado escribir acerca de la Alemania de catálogo que se ha plantado en semifinales con su fútbol áspero y efectivo. O de la Turquía que, a este paso, acabará poniendo un monumento al minuto de descuento en todas las plazas públicas de su gran país. O de la Rusia que firmó, de la mano de Arshavin (como predijimos en Fútbol de Lux antes del campeonato), el mejor fútbol de contraataque que se ha visto en los últimos diez años. Pero no, hoy hay que hablar de un sentimiento que invade a España por encima de banderas, ideas políticas, problemas laborales o desamores. Hemos pasado de cuartos, ha sido contra Italia, ha sido en unos penaltis de infarto tras 120 minutos de infarto… y seguimos vivos.

El 22 de Junio de 2008 quedará en la memoria colectiva como un gran día para España
y para todos los que aman el fútbol. Por fin se hace un poco de justicia (desde mi totalmente parcial punto de vista). Hasta Güiza tenía hoy permiso para fallar un penalti. Él había eliminado a la campeona de Europa. Todos juntos han eliminado a la campeona del mundo. Nos espera ahora la espectacular Rusia en semifinales, pero me da igual. Todos y cada uno de los jugadores, técnicos, masajistas, utilleros, etc. etc. etc. de esta selección se merecen la admiración y el aplauso de todos nosotros. Por un día nos han hecho felices y eso no lo olvidaremos nunca. Y si el jueves Arshavin nos elimina, le aplaudiremos y rendiremos pleitesía por eliminar a la mejor selección española de todos los tiempos. Y si no nos elimina… que tiemble el que nos encuentre en la final.

No sé si me ha quedado esto demasiado encendido, patriótico, exagerado y sentimental (bueno, sí me ha quedado, lo sé), pero ¡qué narices!, ya era hora de permitirnos una alegría para el cuerpo. ¡¡¡Cómo nos gusta este deporte!!!

Indiana Jones y el tío del sable

La Eurocopa empieza poco a poco a convertirse en la famosa escena de Indiana Jones en Busca del Arca Perdida. Creo que todos sabemos de lo que hablo. Portugal, Holanda y España sacan a relucir sus mejores galas y hacen ostentación pública de su dominio del balón, de su técnica depuradísima, de su fantasía atacante… y llegan Italia y Alemania y les pegan un tiro.

Portugal ha sido la primera en caer. Al margen de dudosas acciones que el árbitro ha tomado por lances del juego (arrear un empujón a un defensa para rematar solo es algo totalmente legal, según el sueco Peter Fröjdfeldt), Alemania siempre será Alemania. Que jueguen bonito los demás, que de marcar goles ya se encargan ellos, piensan los teutones. Y hay que ver cómo les funciona.

Siguiendo con mis cenizas visiones de futuro, creo que sólo un milagro evitará una final Italia-Alemania. Ojalá ese milagro sea de Tuilla

El Agua siempre vuelve a su cauce

Lo peor de ser un pesimista es que odio tener razón. Tras lo visto en el partido de ayer, hay que sacar dos conclusiones: Una es que Francia corre riesgo de caer en una edad oscura tras la retirada de Zidane, la misma que tuvo durante más de una década tras la retirada de Platini. La otra es que Italia es como el robot malo de metal líquido en Terminator 2. Siempre se vuelve a levantar para acongoje del personal.Y mira que se veía venir… Bueno, para no acabar cortándonos las venas, resumiré la situación actual con una bonita parábola:

Italianino era el gamberro de 5º en la escuela del barrio. Como era más alto y fuerte que los demás, se dedicaba a repartir puñetazos en las narices de todo aquel que se le arrimara, con lo que era el amo y señor del patio. Pero de repente, un día, Nederlanden, el pelirrojo de la clase de al lado, se cansó de recibir siempre y le dio un bofetón que lo dejó KO en el suelo. Los chiquillos empezaron a arremolinarse alrededor de la pareja para ver por fin cómo mordía el polvo aquel al que todos temían. Nederlanden le seguía dando una tras otra. Cuando Italianino ya estaba grogui, Nederlanden llamó a Rumanescu, que pasaba por allí, y le preguntó si quería rematar al abusón con una patada en los mismísimos. Cuando ya estaba cogiendo carrerilla para hacerlo, apareció el profesor Van Golen (un erudito que había hecho la carrera en Milán) y les detuvo, les cogió de las orejas y les dijo que había que ser legal y honrado con las reglas que regían el patio, etc. etc. etc. Los mandó a cada uno a su sitio y le tendió la mano a Italianino para que se levantase. Mientras se levantaba y se limpiaba el polvo de los pantalones, Italianino le arreó un codazo a François, que había perdido una lentilla y estaba buscándola medio agachado. François acabó en la enfermería sin conocimiento. Entonces, el piernas largas de Españez, que había estado observando en el corrillo riéndose como el que más, se quedó callado y miró a Italianino con cara de susto. Y éste le dijo, mirándole fijamente con los ojos entornados: “A ti, risitas, te veo el domingo”. A todos los presentes les subió un escalofrío por la espalda. Españez, directamente, se meó en los pantalones.

El domingo, Italia se enfrenta a unos cuartos de final corrientes y molientes (para ellos). España, a 88 años de Historia. Esperemos que esta vez no nos pese el lastre.

Ballack y la estadística

Salía yo a toda prisa de la ducha porque oía que ya había comenzado el segundo tiempo. El partido estaba siendo malo, por no decir paupérrimo. Klose sigue totalmente ido del campeonato, Mario Gómez fallando lo indecible aunque le eche la culpa a los tapines del prao, Torsten Frings no es ni la sombra del de hace dos años, Ballack desaparecido, Lehmann demostrando que puede ser tan lento y torpe como Kahn, etc. etc. Sólo Podolski, y a artos Lahm, dan la talla en una Alemania ramplona. Y de Austria para qué contaros, hay equipos de Segunda B con más mordiente que ellos. Bueno, pues la cosa es que terminaba yo de secarme la sobaquera con toda la sensualidad que la madre Naturaleza me otorgó cuando oí: “¡Gonzalooo, gol de Ballack!”. Me vinieron dos pensamientos a la cabeza:1) “Mierda, lo sabía…” y 2) “A que lo ha metido de más de 20 metros”. Pues dicho y hecho. Llegué al salón descalzo y con la toalla a medio envolverme para ver a cámara lenta el misil del germano a la escuadra austriaca, donde el portero hacía todo lo posible por no llegar al balón.

No se podía esperar otra cosa de semejante bodrio, por mucho que Mejuto se empeñase en animar la fiesta expulsando a los dos seleccionadores al alimón. Pensó que, si en vez de al cuarto árbitro tenían cerca de los presidentes de sus respectivos países, se comportarían un poquito mejor. El seleccionador austriaco se enfadó, pero el alemán siguió con la misma cara de haberse perdido que tenía cuando entró al estadio. Es obvio que cuando salió del hotel nadie le dijo adonde iban, a juzgar por su camisa de fiebre del sábado noche.

En resumen, Austria ejerciendo de anfitrión y Alemania ejerciendo de Alemania, aunque con menos vistosidad que antaño. Eso sí, siguen demostrando al mundo una verdad matemática impepinable. Si disparas a puerta 10 veces, desde cualquier sitio, una entra seguro. La pena es que las demás selecciones nunca se dan por aludidas y pretenden seguir entrando hasta la portería con el balón en los pies. Creo que todos tenemos alguna de ellas en mente… Quizás por eso los alemanes tengan tres estrellas sobre el escudo.

Los minutos de la…¿Basura?

Allá a finales de los 80, en plena moda de los duelos Celtics-Lakers (no como los de ahora, tan descafeinados, sin malabaristas del pase ni tipos rubios de bigote metiendo triples…) se adoptó al lenguaje futbolístico algo muy de la NBA: los minutos de la basura. Se referían con ello a esos últimos 10 minutos de partido en los que ya todo parece resuelto y estás deseando que el árbitro pite el final para que se termine la tortura. En baloncesto no había forma de levantar ventajas de 15 puntos y en fútbol el partido quedaba “sentenciado” al marcar el 2-0 en el minuto 56. A partir de ahí venía el laissez faire, laissez passer, algo que resumió Homer Simpson en que

si algo es difícil de hacer, no merece la pena hacerlo

Sin embargo, un día llegó un tal Sheringham, a punto de entrar en el año 2000, y demostró a todo el mundo en una final de Champions lo que pueden llegar a dar de sí 2 minutos de descuento en un partido. Comenzó entonces el siglo XXI del fútbol. Se desechó el lenguaje baloncestístico y se adoptó el taurino de “hasta el rabo, todo es toro” (por encima del tópico de que “el más tonto hace relojes”, cosa que en Suiza parece un insulto en toda regla).

En esta actual Eurocopa se está llevando al límite la tendencia de no dar los partidos por perdidos. Y a buena fe que lo estamos disfrutando. El 2-0 ya no basta para quedarse tranquilo, y con un 3-0, un gol del equipo contrario le mete los nervios en el cuerpo a los que se las prometían felices. En este torneo ya hemos visto casi más partidos resolviéndose en el descuento que transcurriendo plácidamente al compás de los valses austriacos. Los bocadillos se atragantan, la cerveza se escupe del susto y los saltos de alegría se alternan en la grada con las caras de incredulidad como si de un partido de ping-pong se tratase. El famoso “¡árbitro, la horaaaa!” cobra más sentido que nunca.

Así pues, tras este fin de semana, jugadores bajitos y con mala idea (deportivamente hablando) están levantando la bandera del ansia por ganar, la lucha hasta el último minuto, la sangre fría en sus cuerpos e hirviendo en el graderío. Villa y Nihat reivindican para sí el fútbol en todo su esplendor, el que incluye calidad y fuerza, el que aúna pasión y habilidad de cirujano.

Y para que nadie se lleve a engaño (y aquí empieza la parte chunga del post), o mucho me equivoco u otro jugador se sumará a ese carro de la lucha sin cuartel. Pero no será bajito, sino más bien todo lo contrario: un tal Luca Toni. Eso sí, mala leche deportiva le sobra. No es descabellado que Holanda le gane a Rumanía. Y tampoco es descabellado que Italia le gane 1-0 a Francia en el descuento, con Luca Toni rematando el cuarto rechace dentro del área pequeña, cayéndose y con la chepa. No sería descabellado, pues, que Italia sea segunda de ese grupo. Y entonces empezarán los cuartos de final, que es un sitio donde da igual todo lo que hayas hecho antes, porque empezarás desde cero frente a otro rival que también empieza desde cero. Así pues, Italia volverá a su salsa, el ecosistema natural en el que se mueven sus aves de rapiña y que irá eliminando uno por uno a todos los rivales con un golito de churro en el descuento, después de haberles dejado durante 89 minutos hacer el partido de sus vidas. Y será campeona de Europa.

Ojalá me equivoque y la gente como Villa y Nihat llegue muy lejos y Holanda siga haciéndonos creer que existe una utopía feliz. Pero, como decía un amigo mío: “a los hechos me repito…”.