Toda Navidad que se precie escucho el mismo discurso en el litúrgico momento en el que mi madre reparte con tiento el fiambre que abre la cena de Nochebuena. Mi abuelo apura con un último trago la copa de vino tinto que sostiene en su mano derecha y en tono ceremonioso, en un momento de su brillante interlocución, repite unas palabras grabadas a fuego en mi memoria, “…la historia futbolística de este país la empezó a escribir Zarra cuando mandó a esos ingleses a la pérfida albión, ¡Dios mío David!, ¡estábamos en semifinales!…”.
Más de 50 años entre la España de la que habla mi abuelo y la de todos, la de los Casillas, Villa, Iniesta, Xavi y compañía, esa que nos ha hecho tocar el cielo con las manos, que me ha hecho llorar como un niño.
El seguidor de la roja ha olvidado los prejuicios del pasado, las malintencionadas confrontaciones políticas ya no son óbice para que el aficionado español luzca con orgullo una camiseta que siente como suya, unos colores y una bandera que deben vivir al margen de patrañas partidistas y apropiaciones indebidas.
Millones de voces aletargadas durante años gritaron el gol de Iniesta, desatando una locura generalizada, hermosa y justificada que se veía venir desde que superamos los fatídicos cuartos contra Paraguay.
Los complejos son ya parte del pasado, eso quiero pensar, el fútbol ha conseguido saldar una deuda histórica, definitivamente sí, pero no sólo en lo deportivo, nos ha reconciliado con nosotros mismos.
“…¡Dios mío abuelo!, ¡éramos campeones!…”.
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8 Comemtarios
Caes en el mismo error que criticas. A saber: vituperas la politización del deporte con una opinión politizada. ¿Qué tiene que ver un partido de fútbol con el patriotismo? Absolutamente nada. Querer ver en una pírrica victoria (o aunque hubiera sido mayestática) la grandeza del país tiene nombre, y se llama patrioterismo. Sois miles los conversos que al día siguiente os habéis dado de bruces con la realidad nacional: inestabilidad en el empleo, subida de impuestos, bajada de sueldos, inseguridad ciudadana, ausencia de liderazgo político, y un país fragmentado por la mediocridad (quizá hasta interesada) de sus dirigentes, desde el rey al último concejal pasando por la oposición. No hay peor ciego que el que no quiere ver, reza el sabio dicho castellano.
Estimado amigo.
En primer lugar quiero agradecer tu educada opinión.
Desconozco si es costumbre responder a un comentario pero en este caso me parece oportuno hacerlo.
Sin entrar a valorar la grandeza o no de la gesta conseguida constato la realidad de un hecho, sentirse orgulloso de unos colores que engloban a unos cuantos millones de personas nada tiene que ver con la politización de unos sentimientos, toda vez que esto se haga atendiendo a las normas del decoro y del respeto por el que piensa diferente.
Por otro lado, dar por sentado que desconozco la realidad de mi país me parece cuando menos obsceno, el futbol a mi y a muchos miles de españoles no nos idiotiza, tampoco nos impide mantener una rebeldía constante contra el actual panorama social. Por suerte o desgracia, conozco lo que pasaba en España antes, después y durante el mundial, ahora bien, durante unos minutos las penas fueron menos. La flagelación constante tampoco es buena, pruébalo.
Como tu dices, no hay más ciego que el no quiere ver, si no supiste leer entrelíneas (con bastante espacio entre líneas por cierto) mucho más no puedo hacer y te quedarás con la anécdota de que miles de personas salieron a la calle con un paño de color amarillo y rojo.
Un saludo y sigue leyendonos
Interesante opinión la de “Rulo”.
Yo considero que evidentemente el fútbol no cura a una sociedad herida por la crisis, pero sí sirve de bálsamo, aunque breve, para olvidar por unos instantes esta realidad, desahogarse y sobre todo unir.
Y esto último quizás sea lo más mágico y destacable de ver un partido de la selección, que viene a cuento con lo dicho en el post. Une gente de izquierdas y derechas, católicos con agnósticos, merengues y culés, pobres y ricos, todos ellos se fundieron en un cálido y sincero abrazo en el instante que Iniesta marcó el gol, rebosaron euforia y felicidad y olvidaron por un momento algunos de esos problemas que Rulo cita.
Y cierto es también que el parado no recuperó su trabajo el lunes después del partido, pero él y todo un país esbozó una sonrisa, y se sintió orgulloso de ser campeón del mundo.
Buscarle los 3 pies al gato, es algo que se puede hacer con todo texto escrito, pero no creo que sea justo el demonizar por que si, maxime cuando se trata un tema de una forma tan visiblemente inofensiva como es el caso.
Estimados amigos, este sistema que padecemos se conoce desde hace por lo menos 2.000 años. Ya por entonces se llamaba “panem et circenses”, el “pan y circo” del que a buen seguro ya habéis oído hablar.
Estoy convencido de que el autor del artículo conoce perfectamente la realidad de nuestro país. Pero confundir una victoria deportiva de veintitantos millonarios con el éxito nacional se me antoja cuando menos algo frívolo: alegrarse, festejarlo, gastar dinero en ello… Un servidor no necesita victorias ajenas para eso. Cada vez que mi hija aprueba una asignatura de su carrera siento una alegría que me gustaría comunicar, y a medida que supera un curso lo festejo y gastamos dinero en ello. Lo que quiero decir es que ganaron ellos como deportistas, yo como español no he ganado nada.
Como veo que estoy entre gente educada, os propongo este enlace, reportaje de lectura larga pero nutritiva.
Nunca usaré el plural para referirme a una victoria deportiva de unos compatriotas, y menos si obtienen pingües beneficios (estoy buscando información sobre la selección de la federación alemana de fútbol…, me han dicho que tienen una fundación a la que van a parar las primas que obtienen y luego ese dinero va destinado a fines sociales… si alguien sabe algo agradeceré información).
Os dejo el enlace desde el que he llegado a este artículo de opinión. Allí abundan las páginas críticas con este desaforado pan y circo por el que es tan fácil dejarse arrastrar y confundir. Un cordial saludo.
Hola Rulo
La realidad de la que habla el artículo nada tiene que ver con la mayor parte de los interesantes razonamientos que tu haces, con los que además estoy de acuerdo en su mayoría.
El mundial ha conseguido derrumbar prejuicios instalados en muchas personas de este país. El futbol no sólo transmite valores negativos, y si una victoria pírrica (utilizando tus palabraas) consigue que un niño cuando se haga mayor no mire con recelo a alguien que tiene una camiseta o bandera de españa, bienvenida sea. Parece absurdo pero el ser humano es así, inteorioriza un comportamiento y lo entiende como normal.
Pequeños pasos que hacen el camino. Las banderas no hacen daño, sentirse español no es malo, como tampoco sentirse catalán, asturiano, vasco o europeo. Este país tiene una historia, con heridas cicatrizando, por muy extraño que pueda parecer, este mundial pudo aportar su granito de arena a la normalización de sentimientos.
Creo que por ahí iba el artículo, no sé
Otra cosa sería hablar de la moralidad o no de lo que rodea al planeta futbol…un debate que podemos dejar para otro día
Me gustó el enlace al artículo de el país que hiciste.
Un saludo a todos
Creo que el artículo en ningún momento hace alarde a la política ni a temas en los que se pueda entrar a criticar. Únicamente habla de la historia del fútbol y del momento histórico vivido por millones de eapañoles dentro y fuera de nuestro país, y por mi misma también, claro está.
Creo que entrar en temas de política, crisis, etc no tienen relación con estas líneas de David Torres, o al menos desde mi puento de vista.
En pocas líneas se ha sabido resumir la vivencia de un aficionado compartida con el resto del país, o al menos una gran parte.
No sé si al igual que Casillas dice que no es consciente del momento de levantar la copa, Iniesta de que marcó historia con su gol y así cada jugador uno a uno, nosotros tampoco somos conscientes de que hemos vivido un momento histórico en nuestras vidas, que igual, y ójala no sea así, no volverán a ver nuestros ojos.
Lo que más me llena de orgullo de esta selección es que podré contar a mis hijos y nietos que su madre y abuela vivió ese momento acompañada del que espero que sea su futuro padre y que grabamos un video con unas palabras para que ellos lo vean en un futuro. Es algo irrepetible pero como ya he mencionado antes, ójala no sea así.
Un saludo para todos y felicidades a David por el artículo.
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