
Dos sorpresas seguidas ya eran demasiadas. A punto estuvieron los norteamericanos de sorprender a la Brasil más ramplona que recuerdo.
El partido tuvo dos mitades claramente diferenciadas. Los primeros 45 minutos fueron claramente de los estadounidenses, repitiendo la fórmula que les dio el éxito en la semifinal ante España. Cerrojazo muy bien organizado, su portero realmente inspirado y rapidísimas salidas al contraataque. Cuando vieron que Brasil tampoco hacía nada del otro mundo, hasta se atrevieron a controlar un poco el partido, ayudados por un centro del campo brasileño que hace que apetezca canonizar a todos los que han pasado anteriormente por ahí, empezando por Mauro Silva. Que gente como Ramires o Gilberto Silva sean titulares en esta selección es el tercer misterio de Fátima.
Fruto de esa organización y atrevimiento de Estados Unidos llegaron sus dos goles, el primero de Dempsey a remate en semifallo de un centro desde la banda de Spector, y el segundo tras un magnífico y velocísimo contraataque que culminó Donovan magistralmente tras sacarle los colores a Ramires en una carrera de 70 metros. Nadie parecía creérselo, pero se llegó al descanso con el sorpresivo 2 a 0.
La segunda parte ya fue otra historia. La bronca de Dunga en el descanso debió ser fina, porque los suyos no tardaron ni 40 segundos en marcar, por medio de Luis Fabiano, al arrancar la segunda parte. Este gol tuvo un efecto catastrófico sobre Estados Unidos, que de repente se vio temerosa de un Brasil que se les iba a lanzar encima sin piedad. Los brasileños notaron ese nerviosismo en sus contrarios y comenzaron a tocar con más alegría, aunque bien es verdad que no siempre con acierto. El árbitro, que hasta entonces lo llevaba relativamente bien, pensó que no era cosa de quedarse por detrás de sus colegas y pidió también su parte de protagonismo, ayudado por un juez de línea que no se atrevió a pitar como gol un cabezazo de Kaká que Howard sacó de dentro de la portería. Eso pareció espolear más si cabe a los brasileños, que ahora sí tenían el control del partido. Fruto de su empuje llegó el segundo gol de Luis Fabiano, que con cinco goles se convirtió en el Pichichi de la competición, y cuando ya se acercaba la prórroga, fue el capitán Lucio, a la salida de un córner, el que remataba impecablemente de cabeza al fondo de las mallas, poniendo en el marcador el definitivo 3 a 2.
Brasil, con este título, suma ya tres Copas Confederaciones. No será ésta una que vayan a recordar los aficionados por la tremenda calidad de los partidos que hemos visto, cosa que no ha existido. Pero los anales reflejarán el título como una nueva muesca en la culata de la canarinha y eso ya no se lo quita nadie. Así pues, enhorabuena al campeón y hasta el año que viene de nuevo en Sudáfrica. El Mundial ya será cosa seria. Y ahí estará de nuevo Futboldelux.
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