Señoras y señores, hoy sí. Hoy sí se ha asistido a una pachanga en toda regla, una de esas que tanto le gustan a la FIFA para mayor gloria de sus arcas y de agradecidos colegiados australianos. Porque “telita” los arbitrajes que estamos viendo en esta copa, empezando por las tarjetas sacadas sin ton ni son, por los dobles raseros (no en función del equipo, sino de la zona del campo) y por la mente que los árbitros siempre tienen puesta en el palco y en que dentro de un añito también quieren irse a Sudáfrica todos de vacaciones. Habría que cambiar el término “trencilla” por el de “bienqueda”.
Y ya rajado del árbitro, que llevaba más de una semana mordiéndome la lengua, pasamos al partido. Al conato de partido, más bien. Un tostón en toda regla sólo animado por los cambios que hoy sí se hicieron con tiempo por delante: Güiza y Silva dieron otro aire al equipo y lo sacaron de un ensimismamiento que llevaba toda la tarde rondando por el camino de lo previsible y anodino. Güiza, además, rentabiliza como nadie los minutos que se le dan. Hoy marcó los dos goles que remontaron el gol inicial de Mphela (marcado en la única jugada trenzada de los Bafana Bafana ante una nueva exhibición de pasotismo defensivo español) y, si le dan 45 minutos más en todo el campeonato, se nos pone de Pichichi en solitario, seguro. Dos goles, además, de muy bella factura. Ya comentaréis vuestra impresión, pero yo creo que el 2º, un golazo por toda la escuadra desde el lateral del área, lo hace con toda la intención, no es un centro fallido como alguna gente quiso ver.
Sin embargo, cuando todo parecía acabado, un misil de Mphela a la escuadra derecha de Casillas levantó el definitivo empate a dos que llevó a la prórroga. Un gol, por cierto, en el saque de una falta ridícula por completo (Riera no daba crédito a lo que le pitaron), inventada por ese árbitro que debe ser sobrino del que no dio el gol de Míchel contra Brasil en México ‘86. De lo peor, de largo, que ha pasado por Sudáfrica en estas dos semanas. Al término de los 90 minutos, el resultado era engañoso para un partido al que le sobraron los primeros 70, perdidos en un mar de poca intensidad por parte de ambos bandos. España quizás si dominó un poquito más, pero ni de lejos se pareció al equipo que sí apretó en la semifinal contra EE.UU., sino a la impotente Italia o el Brasil indolente que hemos visto estos días.
Una vez ya en la prórroga, un desaparecido Cazorla se alió con Silva para moverse más entre líneas y dieron más soltura a nuestro ataque, apoyados en un Riera un poquito gris, pero que en determinadas jugadas dio muestras de su clarividencia por la banda. Finalmente, a balón parado, llegó el tercer y definitivo gol en una falta sacada al centro del área por Xabi Alonso con la maestría que ha aprendido en Liverpool, que no es otra que ponerla en el sitio justo para que el balón entre tanto si lo remata alguien, lo tropieza un defensa o, como fue hoy el caso, nadie llega. En ese momento se vio a Del Bosque sonreír por primera vez desde que rodó el anuncio de Cepsa…
Y poco más. La FIFA haciendo cuentas, la organización pensando por qué no había nadie en el estadio hasta que se abrieron las puertas mediada la primera parte (cualquiera con sentido común les daría una pista, pero Blatter y compañía tienen la mente en otras cosas) y España que se hace con el premio de consolación. Ahora, unas merecidas vacaciones y a pensar en la larga temporada que viene. Y por si acaso desde este blog habíamos invitado a la cordura tras el partido con Estados Unidos, viene la cúpula pensante de nuestra federación a arreglar las cosas, para que siga rigiendo el más obcecado de los sinsentidos deportivos: el 12 de agosto, amistoso en Skopje (Macedonia). Si el año que viene hacemos algo en el mundial no sólo será un éxito deportivo, sino también un milagro fisioterapéutico. Crucemos los dedos.
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