
Uy uy uy, qué poquito nos ha faltado para acabar viendo el domingo un España – Brasil. Para todos aquellos que ayer echaban pestes sin sentido de la roja, hoy ha venido la canarinha a demostrar que en todas las casas cuecen habas y en algunas, a calderadas. La diferencia la han puesto el portero Julio César, que ha tenido intervenciones de gran mérito en una segunda parte en la que los Bafana Bafana llegaron a ponerles en verdaderos apuros, y el barcelonista Alves, que en el minuto 88 ha venido a salvar la imagen de un Dunga que no cuenta con él más que para cosas como ésta, cuando sólo llevaba otro par de minutos en el campo. Seguro que en Brasil ya había periodistas afilando cuchillos toda la segunda parte dispuestos a despacharse a gusto si terminaban fuera de la final.
Tampoco hoy vamos a meternos demasiado con una Brasil que tampoco se lo merecería. También estos jugadores juegan en su mayoría en las exigentes ligas europeas, también llegan cansados y también han demostrado lo que cuesta mantener un esfuerzo a más de1.700 metros de altitud. Para los que lo hemos hecho alguna vez os aseguro que no es ninguna broma. Y a esa altura, la diferencia entre los equipos en forma y los que no lo están se acrecienta hasta hacerse visible. Mientras los sudafricanos corrían como liebres alentados por su enfervorizada afición, los brasileños se mostraban lentos, torpes, carentes de imaginación y, desde luego, muy lejos de la presión, el toque y el fusilamiento continuo a puerta que ayer sí demostró España. Hoy Brasil se pareció muchísimo a la Italia que vimos el domingo pasado, tengo que decirlo. Lucio y Felipe Melo parecían pedir a gritos el cambio cada vez que tenían que desplazar su enorme cuerpo 10 metros. Luis Fabiano se dejó la puntería en el hotel, Maicon se movió lo justito para demostrar que estaba en el campo, Robinho pensó que ya estaba jugando futvoley con los colegas en Ipanema y hasta el propio Kaká me pareció que tenía sobrepeso en todos y cada uno de los 274 planos cortos que le hizo el realizador. Me limpié las gafas, me cercioré de que el vaso sólo tenía Kas de limón y volví a mirarle. Quizás la camiseta sea un modelo de sisa ancha o que ante tanto frío el hombre encogía el cuello y hacía papadita… pero me pareció lucir un rollizo y saludable aspecto al criterio de cualquier abuela del mundo.
En cuanto al partido en sí, hay que decir que fue aburrido y muy lejos de lo que se puede pedir a una semifinal de un campeonato que quiere presumir de nivel. La primera parte fue una especie de interminable tanteo entre dos boxeadores que esperan la campana para irse a la esquina. A Sudáfrica se le vio quizás más ilusión y a Brasil algunos pequeños retazos de querer controlar la situación. Pero no, la segunda parte vino a dar la razón a los presagios de la primera. De hecho, Sudáfrica tuvo 20 minutos de muy buen fútbol, entrando con soltura por banda y rematando con peligro, siempre en rápidas paredes de Pienaar, Modise y Parker que acababan poniendo en apuros a un inspirado Julio César.
Pero los humildes suelen pagar al final el no aprovechar sus oportunidades ante un grande. Y cuando por fin el ultradefensivo Dunga se dignó a hacer un cambio (a 5 minutos del final y sacando a un defensa…), va y le sale bien la maniobra. Una falta a pocos metros de la esquina del área es puesta por Dani Alves en la mismísima escuadra contraria y ya. Sudáfrica a repetir contra España el domingo y Brasil a por un título que Estados Unidos, vista su evolución en estas dos semanas, parece que no le pondrá nada fácil, a pesar de que el trencilla uruguayo de ayer empezó a allanarle el camino. Esperemos que el comité de competición le quite la roja al norteamericano Bradley, injusta a todas luces con el jugador y con el espíritu del juego que a todos tanto nos gusta. Y si no, como diría mi madre muy en la línea Marge Simpson: esperemos que al menos todos se lo pasen bien.
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3 Comemtarios
como siempre brasil gana sin merecerlo, que injusto es el futbol, un tiro libre y gol , la historia se repite, los triunfos de brasil con tiros libres, que tienen los brasileros que hacen los goles de tiro libre cuando lo desean o necesitan, muchas veces sin merecerlo.
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