
Italia encabeza el grupo 2 del campeonato tras un partido que todos tendremos la sensación de haber visto ya mil veces. Rival que se crece, rival que perdona, Italia que espera a que se caiga el partido por su propio peso y a casa.
La azzurra, que al menos vestía un traje más discreto que el de la última Eurocopa, sigue por sus derroteros: fiel a su estilo “piano piano”, correoso, de delanteros arrastrándose por el suelo (cuando no colgados de la camiseta del contrario) y con un exquisito toque en el centro del campo, pero que hoy día se reduce a mi idolatrado Pirlo, aún falto de ritmo tras una lesión. De Rossi y Gattuso parecen orcos jugando al lado de un elfo.
Por su parte, Estados Unidos, todo frescor y juventud, también peca de inocencia. Clark fue expulsado por una patada totalmente fuera de lugar a la media hora de empezar. Y aún en la primera parte, antes de ponerse por delante gracias al penalty transformado por Donovan, sus delanteros Altidore y Bradley fallaron dos clamorosas ocasiones delante de Buffon por no saber pegarle con la izquierda. Y esas cosas, contra Italia, son un suicidio. Conozco yo a más de un entrenador que los tendría chutando con esa pierna los tres días hasta el próximo partido.
Finalmente, en la segunda parte, la irrupción del joven Rossi rompió el partido, ya que suyo fue el golazo del empate en una jugada plena de pundonor y puntería, robando el balón en la salida de los norteamericanos para, a continuación, soltar un tremendo zapatazo que sorprendió a Howard, el guardameta contrario. Después, el centrocampista de la Roma De Rossi (no confundir con el otro), en un chut no menos lejano y potente, y el propio Rossi de nuevo, tras magnífica entrada por banda de Pirlo, llevaron al marcador la cordura que no reinaba al descanso.
Aún así, Italia, al margen de los resultados, parece estar en la cuesta abajo de la generación que le dio el Mundial del 2006. Con gran parte de su equipo sobrepasando la treintena, sólo gente ya establecida como Grosso o De Rossi, o los más jóvenes centrales Chielini y Legrottaglie, parecen tener proyección de futuro en esta selección, aunque estos últimos están aún lejos de igualar a dos monstruos como fueron Cannavaro y Nesta. Mención aparte merece el villarrealista Rossi, a la caza también de Torres en la lista de goleadores, que a sus 22 años es el único en merecer una titularidad que sólo los galones del vestuario parecen negarle.
Otro post exclusivo merecería también la narración del siempre bien intencionado y nunca afortunado J.J. Santos. Pero no perderé el tiempo en escribirlo.
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