
Comenzó la Copa Confederaciones de la Fifa con el encuentro entre el anfitrión, Sudáfrica, y el campeón asiático, Irak. Lo que podía parecer un pintoresco partido de los que suelen alegrar la vista cuando se trata de un mundial, por ejemplo, se fue convirtiendo poco a poco en algo insoportable. Al descanso aún pensaba en como encajar frases positivas en esta crónica, pero la segunda parte vino a confirmar que estábamos ante un horroroso remedo de partido de fútbol que si ha acabado en empate a cero ha sido porque, por si le faltaba algo al encuentro, el delantero centro sudafricano sacó bajo los palos el único remate decente de su equipo en toda la tarde. Irak es un equipo con buenas ideas, pero muy verde en su ejecución, mientras que Sudáfrica adolece de los defectos que durante años han caracterizado al fútbol subsahariano, como son la anarquía, el exceso de revoluciones y, por momentos, el juego duro. Por lo demás, creo que el resultado lo dice todo.
Pero por otro lado sí se pueden ver algunos aspectos de otra índole, que paso a desglosar en esta introducción al campeonato:
- Todos debemos alegrarnos de que Irak tenga una selección de fútbol, que haya ganado ya un título y que se encuentre en Sudáfrica por méritos propios. El infatigable trotamundos Milutinovic la dirige y, milagrosamente, no está vestida por Nike, sino por lo que parece una marca local de ropa deportiva. Creo que ellos, y el mundo, se merecían algo así.
- En Sudáfrica, uno de sus centrales es el único jugador blanco del equipo. Se llama Booth, es un dolor verle jugar y su único mérito parece ser medir más de dos metros. Sin embargo, ese reflejo estadístico de la población del país (sólo el 10% son blancos) se ve ensombrecido por el continuo abucheo que sufre el jugador cada vez que toca la pelota. Le abuchean sus propios compatriotas y no por jugar mal, que más de uno se lo merecería, entonces. No, es el reflejo de una situación sociopolítica que, a pesar de la nueva época inaugurada en 1994 con la caída del Apartheid, sigue subyacente en la conciencia colectiva de un país al que le queda mucho camino por recorrer. Desde luego, no ha sido la mejor presentación ante el mundo de la próxima sede del Mundial.
- No voy a meterme mucho con los comentaristas de Telecinco, pero sí les habría pedido un poco más de documentación antes de acudir a este evento que llevan publicitando meses en sus telediarios. Parece ser que Guillermo Amor descubrió esta misma mañana que en Sudáfrica el fútbol lo juegan los negros y los blancos juegan al rugby y el cricket. No le culpo, pero que se abstenga de explicárnoslo a todos como si hubiese descubierto la pólvora. En cuanto a su compañero periodista, llamó “iraquíes” a unos aficionados de la grada que llevaban banderas de Sudáfrica hasta en los párpados. Les delataba, parece ser, el no ser negros y llevar barba. Otro que no ha salido del hotel desde que llegó al país.
- Y ya en lo deportivo, muy mala imagen la que ha dado por televisión el césped del Ellis Park de Johannesburgo. Bastante bacheado, pelado incluso en algunas zonas y levantaba arena cuando los jugadores iban al suelo, sobre todo en la banda más cercana a los banquillos. Desde luego, no estaba a la altura de lo que se debe pedir a un campo que va a ser mundialista el año que viene. En ese estadio se jugará la final, a la que todos esperamos que España pueda llegar el día 28 de junio.
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