
Anoche se despidió, con más pena que gloria, la Copa de la Uefa, que a partir de la próxima temporada cambiará de nombre y pasará a denominarse Uefa Europe League, adecuándose a la moda de grupos establecida por la Champions (a mi modo de ver, una forma de establecerse definitivamente como 2ª división europea y quitarle el prestigio que le pudiese quedar).
Se despidió, como ya digo, con la peor final que este humilde plumilla recuerda en años. No ya por el ambiente, gélido como corresponde a dos aficiones más acostumbradas a sacudirse el frío que a montar fiesta, sino por la calidad que sobre el campo exhibieron dos equipos que cayeron de la Champions a la primera de cambio. Un Shakhtar plagado de brasileños del montón y un Wreder Bremen que, con la ausencia por acumulación de tarjetas de Diego, su gran estrella, pareció salir con miedo al campo. Desde el principio dejaron todo su juego en manos de un Frings totalmente desdibujado, al mando de un centro del campo cuya única misión parecía consistir en colgar balones al peruano Pizarro, gran goleador del equipo durante la competición, pero que ayer salió con tortícolis de ver pasar el balón por encima de su cabeza. El Shakhtar, por su parte, intentó más triangular con el balón, aunque no fue hasta bien entrada la segunda parte cuando empezó a salirles bien el tema.
Visto lo visto, tan sólo podían llegar los goles como llegaron. El primero, de Luiz Adriano para los ucranianos, fue un manual de cómo dejar agujeros en la defensa por parte del Werder, lo que se encargó Wiese, el muy alemán portero de Bremen, de rematar con una lección clamorosa de cómo apartarse cuando te tiran el balón al cuerpo (y después hacer como que has intentado pararla, muy de la escuela de Khan).
A la hora del empate, en un potente chut de falta de Naldo, el portero ucraniano ni siquiera se molestó en disimular. Simplemente dejó que el balón le doblara las manos y entrase hasta la red. Y al descanso, sin más novedad.
En la segunda parte aparecieron más los nervios que la calidad, por lo que el partido siguió por los mismos insulsos derroteros. Esta vez, eso sí, ambos guardametas se aplicaron un poco más en sus tareas, realizando incluso alguna meritoria intervención, como de Wiese a disparo lejano de Lewandowski o la clara ocasión de Pizarro, en remate de cabeza dentro del área, que sacó a corner Pyatov.
La prórroga era cuestión de tiempo y ambos equipos parecían estar de acuerdo, pues los últimos 10 minutos transcurrieron en la más absoluta de las parsomonias. Una vez comenzado el tiempo extra, el Shakhtar sí se mostró más fresco, en físico y en ideas, y comenzó a darle ritmo al centro de campo, aprovechando siempre una banda derecha sobre la que el Werder Bremen nunca pareció tener control. Fruto de una de las internadas fue un pase raso a la frontal del área, ante la antenta mirada de los defensas alemanes, que otro brasileño más, Jadson, se encargó de rematar muy centrada, pero Wiese volvió a poner otro poquito de su lado para que el balón acabase rodando mansamente dentro de la portería.
Visto el cariz del asunto, el Werder Bremen tuvo que salir ya al ataque desesperado en los últimos 15 minutos, cosa que no había hecho en todo el partido. Y ahí por fin dio su talla y puso en prietos a los ucranianos. Fue entonces cuando Medina Cantalejo, a la sazón árbitro del encuentro, reclamó su parcela de protagonismo en el día de su retirada. Hasta el momento casi diría que había pasado desapercibido y correcto, pese a su sempiterno gusto por la sobreactuación, pero en los últimos 5 minutos se encargó de no pitar un clamoroso penalty cometido por el croata Srna, capitán del Shakhtar, y de anular un gol a los alemanes en el que pitó peligro, no fuera a ser que empataran y la cosa acabara en los lanzamientos desde los 11 metros, que parece ser que a él no le gustan nada. Finalmente, fiesta ucraniana en Estambul y último título de la Copa Uefa para un Shakhtar Donetsk que estrena su palmarés internacional tras unos años de contínua subida en presencia y presupuesto.
Para terminar, dos detalles:
1) la camiseta que ayer vistió el Shakhtar seguramente hará las delicias de la Dirección General de Tráfico de Ucrania por la cantidad de atropellos que evitará, pero verla sobre un campo de fútbol durante 120 minutos provoca desprendimiento de retina; y 2) Estambul está demasiado al Este. Estaréis conmigo en que las buenas finales europeas siempre comienzan de día. Es bonito. Ayer no fue lo mismo…
Posts relacionados:




2 Comemtarios
Trackback & Pingback