
Cuando nadie daba un euro por el gol, cuando se esperaba que el destino jugara una mala pasada al fútbol llegó el mejor representante de la clase; el maestro, el diseñador de espacios.
Iniesta ponía un gol que era impensable; por minutos, por situaciones, por espacios. El Barça había dado más empuje, había puesto más juego, pero las ideas se apretujaban contra el muro de Londres.
Sólo él; callado, sin rasgos de mega crack, con presencia silenciosa marca…el revuelo es libertad, las anclas de la pesadumbre se desenvuelven en un halo de magia. El fútbol gana, la destreza y el ataque vencen ante la mole defensiva de los de Chelsea.
Ahora Iniesta representa el fútbol total, y nadie mejor que él para decir alto lo que deseaba. El gol lo marcó quien mejor estaba, quien mejor sabía. Tenía que ser Iniesta…
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Gracias Iniesta!
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