
¿Quién quiere a Roberto Baggio teniendo a Güiza?…Probablemente media España esté pensando eso mismo ahora, todavía con la tapita a medio camino del estómago después del mal rato que hemos pasado en el estadio Ali Sami Yen de Estambul.
El partido comenzó de forma muy similar al de hace sólo 4 días en Madrid. Una Turquía muy compacta y una España tanteando a los turcos, aunque con la novedad de una presión arriba que el otro día faltó. Esto que duró 10 minutos. Los siguientes diez fueron de dominio español a base de tener la pelota como sabemos hacerlo y ahí tuvimos nuestras mejores oportunidades de la primera parte, como un tirazo de Riera que sacó a córner el portero turco.
La presión de Torres, Xavi, Silva y Riera sobre la salida del balón fue desapareciendo cuando Xabi Alonso y Senna empezaron a dar síntomas de no estar nada cómodos. Se le puede echar la culpa al campo, del que ya Vicente del Bosque se había quejado el día anterior, pero a jugadores de este nivel se les puede exigir un poco más de adaptación, tener los recursos necesarios para cada situación. Xabi Alonso lleva tanto tiempo jugando en las alfombras inglesas que ya se le tuercen los tobillos ante el más mínimo tapín. Sin embargo, el debutante Busquets, espléndido en sus diez minutos sobre el campo, no falló un solo control o pase. Hace sólo un año jugaba aún en patatales de Segunda B.
Los turcos, más en su salsa, metieron el partido por la senda del físico y, sin llegar con demasiada claridad ante Casillas, empezaron a tener la iniciativa. Y de repente les vino un gol que quizás ellos tampoco esperaban tan pronto. Un nuevo guiño de lentitud (o desidia) de Marchena, que no estuvo nada fino en todo el partido, dejó solo a Tuncay ante la portería, el cual cedió a Semtuk para que remachara a puerta vacía. A Turquía se le ponía el partido de cara. Ya no estaba obligada a abrirse y podría esperar en su campo para ahogar el juego de la medular española, confiando esta vez en no fallar como en el Bernabeu. Así, en medio del tedio, acabó la primera parte.
En la segunda del Bosque sorprendió no haciendo ningún cambio ante un panorama que exigía movimientos de banquillo. Torres no estaba en el partido y el centro del campo seguía sin funcionar (puede que dedique otro post a este tema, pues la primavera, año tras año, parece afectar más allá de los alérgicos y los enamoradizos). Literalmente no dio una en todo el partido. Quizás el seleccionador haya demostrado que no confía demasiado en Llorente y Güiza (o confía demasiado en Torres). Parecía el momento de sacar a un Güiza con hambre de amargarles la fiesta a los espectadores de la otra orilla del Bósforo (los del Fenerbahçe no son desde luego bien recibidos en casa del Galatasaray), los cuales se entretuvieron en abuchearle los largos 40 minutos que estuvo calentando en la banda. Sin embargo, a del Bosque le salió bien la jugada. Torres cabeceó el balón que rechazó el brazo de Ibrahim para que el árbitro señalase el penalty que nos dio el empate. De repente, toda la comodidad de los turcos sobre el campo se convirtió en nerviosismo y prisas. La victoria de Bosnia sobre Bélgica los dejaba muy lejos del mundial, así que no podían permitirse ya un empate. Volvió entonces el partido a donde lo quería España. Si no podíamos tocar en la medular, Riera y Cazorla (sustituto de un Senna lesionado) correrían como liebres sobre la espalda de la defensa turca. Y a del Bosque le salió bien la jugada por segunda vez en el partido. Los turcos nos perdonaron el segundo gol un par de veces y, como sucedía toda la vida ante Italia, Alemania y demás laureados equipos, ahora ante España eso se paga. Por fin salió Güiza con sólo 6 minutos de partido por delante. Pero salió a comerse el partido. Después de dos magníficos desmarques, algo que Xavi había estado echando de menos todo el partido, en el descuento le cayó un balón con nieve despejado desde nuestra defensa. Y, como el mejor Torres, defendió el bote, se lo adelantó de cabeza, dejó en evidencia a su marcador y le dejó un regalo a Riera en forma de balón en el centro del área, para que éste rematase a placer. 1 a 2, España a punto de sellar un pasaporte inmaculado al mundial y Turquía en una dificilísima tesitura, obligada a esperar un fallo de Bosnia y a ganarla en su propio campo. Demasiado para un equipo con más oficio que fortuna.
Reconozcámoslo, hoy España ha jugado mal. Y ojo, porque de estas nos quedan muchas. No siempre se puede jugar para la Historia. Pero ya tenemos a nuestros particulares Inzhagi o Luca Toni. Ya tenemos quien amargue la noche a los demás en el minuto 92 (que se lo pregunten también a los suecos). El día que, además, tengamos un Ballack, el mundo podrá echarse a temblar.
Posts relacionados:




2 Comemtarios
Trackback & Pingback