
Tiempo atrás, se comenzaba en los estadios a fomentar más la localidad de asiento por razones claras; evitar las avalanchas y aplastamientos. Cualquier seguidor de fútbol sabe que sentado se pierde algo de la perspectiva natural pero se gana en seguridad, una seguridad que cuando desaparece ocurren cosas como las de Houphouet-Boigny de Abiyán un agolpamiento de cientos de personas que no saben del peligro que corren apachurrándose y brincando sin sentido.
Según el ministro, Dagobert Bandio, el aforo del estadio es de 45.000 espectadores y dentro había unos 50.000
Los estadios tienen deficiencias, y en lugares como Costa de Marfíl donde las normas aun están por redactarlas, la gente busca una salida a la penuria distrayendo la atención en acontecimientos deportivos, y estos muchas veces por desconocimiento o dejadez no cuentan con todas la normas internacionales sobre asistencia, aforo o seguridad.
Al final pagan los que deberían disfrutar, los que deciden ir a ver a sus equipos o esperan pasar un buen rato. La mala educación no depende de las fuerzas del orden pero; ¿quién permite los agolpamientos?, ¿quién dicta las normas?, ¿quién huye de ellas?…
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