
Fútboldelux estuvo anoche de nuevo presente en el Santiago Bernabéu, esta vez para presenciar el triunfo de la selección española por 1 a 0 sobre la de Turquía, en partido de clasificación para el Mundial de Sudáfrica 2010.
Si bien el juego fue más anodino que el que últimamente suele desplegar La Roja, la selección se anotó un importantísimo triunfo de cara a la clasificación. Y es que empezamos a ganar hasta no jugando bien, quizás porque que ya hemos entrado definitivamente entre los grandes. Bien es verdad que parte de culpa la tuvo Turquía. Un equipo más disciplinado que vistoso y que, desde el primer minuto de juego, salió al campo con una clarísima misión: ahogar el juego de Xavi y dormirnos a la búsqueda del empate. Ello no impidió que además nos dieran dos buenos sustos nada más comenzar, disparos que Casillas se encargó de salvar en su línea habitual. Este titubeante comienzo no fue tanto por ímpetu de Turquía como por los problemas que España pareció presentar de principio, ya que Xavi y Xabi Alonso parecieron tardar en tomar posiciones (incluso entre ellos se les vio hablar a menudo, intentando repartirse el trozo de campo que les correspondía) y eso le dio más iniciativa a los turcos. Y esos primeros ataques pillaron aún fríos a Piqué y Albiol, dos estupendos centrales de gran futuro (es impresionante la planta que se les ve en directo, sobre todo al primero), pero que aún tienen que jugar más partidos juntos para ir acoplándose.
Sin embargo, una vez resuelto el batiburrillo del centro del campo, España se asentó y empezó a mover el balón como ellos saben, lo que hizo que los turcos reculasen y tejieran una espesa tela de araña en su propia frontal, haciendo prácticamente imposible el último pase a Villa o Torres. Desde luego no fue el día de nuestros delanteros. Tan sólo un buen desmarque de Villa a centro desde la banda, que los turcos se encargaron de despejar in extremis, y una buena arrancada con chut final de Torres, ya casi al descanso, fue su bagaje del primer tiempo. Por medio estuvo el gol anulado a Xavi por fuera de juego, que, a falta de repeticiones, en el campo pareció legal.
Ya en la segunda parte el juego español fue haciéndose más abierto. El cambio de Villa, aún falto de ritmo tras su lesión, por el debutante Mata (fue una gran alegría tener a tres asturianos ayer jugando) le dio más alegría a la banda izquierda, donde sí es verdad que se notó mucho la ausencia de Iniesta. El manchego nos tiene últimamente tan acostumbrados a un fútbol escandalosamente bueno que hace muy difícil a quien le tenga que suplir la tarea de que todos le olvidemos. Xavi adelantó un poco más su posición, al verse liberado de la presencia de Villa y eso permitió tener el control del balón más adelante, lo que metió aún más a los turcos en su campo y Sergio Ramos se encontró con una autopista por su banda para subir, cosa que hizo con asiduidad.
Al final llegó el gol en una falta desde la esquina del área, que piqué se encargó de remachar en boca de gol tras el rechace en el segundo palo de Ramos. No fue un gol bonito, pero eso es lo de menos. Si los delanteros no tienen su día, nuestros centrales también saben marcar. Sí es destacable que la falta la sacó Torres de un balón que, en pies de cualquier otro, habríamos dado por perdido. Este chaval ya era bueno cuando jugaba en España, pero en Liverpool ha aprendido a usar su cuerpo y a luchar los balones hasta lo imposible, como en el gol de la final de Viena. Eso es importantísimo en los partidos trabados y España lo nota.
Por lo demás, en lo que se refiere al resto de jugadores, aún sabiendo que ayer nadie tuvo un día glorioso, destacaría al grandísimo Xabi Alonso. A pesar de que su tripleta central con Senna y Xavi puede ser un tanto confusa, es increíble lo fácil que ve el fútbol este hombre. Desde el privilegiado asiento de Fútboldelux, Alonso parecía el pivote alrededor del que gira todo el partido. Senna lucha y recupera, Xavi toca y abre huecos, y Xabi Alonso decide a dónde tiene que ir el balón y por ende, la atención de los 90.000 espectadores que ayer había en el campo. Ya por la tele sus pases de 40 metros parecen teledirigidos, pero verlo en el campo es algo fabuloso, porque ahí se advierte de verdad lo complicado que debe ser y lo fácil que parece hacerlo cuando surge de sus botas. Fútbol sencillo, de toque, rápido y sin pensarlo se saca un balón recto, sin apenas rosca, que cae en el mismísimo pie de un compañero en la otra esquina del campo. Y todo eso sin despeinarse lo más mínimo.
Resumiendo, victoria complicada, trabajosa, también justa, que nos acerca un poco más al esperado Mundial de Sudáfrica y que pasará una reválida este miércoles en Estambul. Será un partido muy complicado, pero La Roja se merece todo nuestro crédito.
Por último, y ya a modo de reseña, darle un 10 a la afición. A las 7 de la tarde, 3 horas antes del partido, ya no se podía caminar por los alrededores del estadio. Ambiente de fiesta total, al que también se sumaron los turcos, muy correctos (Fútboldelux asistió años ha a una final de Copa en Turquía y allí se las gastan muy diferente). Y dentro del estadio la apoteosis: desde el anuncio de las alineaciones hubo cantos, bufandas al aire, la grada repleta en rojo y amarillo y un ambiente de fiesta como este humilde plumilla nunca había visto en un campo de fútbol. Como el propio Villa reconoció en la radio al finalizar el partido, “ni siquiera nos oíamos entre nosotros en el campo”. Y sobre todo la sensación de estar remando todos en la misma dirección, ya que los dos momentos cumbres del partido no se hubieran dado hace unos años: el gol marcado por un barcelonista de pro fue celebrado como si lo hubiera marcado el mismísimo Di Stefano. Y fue especialmente emocionante la despedida en el cambio de Torres. En la meca del madridismo, todo el estadio en pie coreando el nombre de un reconocido colchonero, pero cuyo gol en Viena ha hecho por unir este país más que 500 años de política. Tenemos el mejor equipo de la Historia y toda la afición les devuelve el trato como se merecen. A lo grande.
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