
Se cumplían noventa años ayer de un nacimiento y una señal de alarma saltaba mientras se soplaban las velas.
El Valencia vive en una reestructuración peligrosa; desprendiéndose de un patrimonio rico, labrado con el tiempo para tapar los agujeros de aquellos, (incompetentes para los demás y muy competentes para sus bolsillos), que capitanearon la gestión del equipo Ché.
Valencia navega en el despropósito, la ilusión puede muchas veces con la razón y esperan vender insignias que dan brillo al equipo para salir de un enorme agujero económico difícil de salvar si no hay venta o cambios de propietarios.
Desde que las S.A.D se “inventaron”, nuestro fútbol paso del romántico presidente al mafioso empresario que debe más de 400 millones de euros…
Que libren al Valencia, como a tantos otros clubes; de gerentes incapaces de cuadrar cuentas con sentimientos, que libren al Valencia de desconocedores de la palabra fútbol, que libren al fútbol de señores y señoras que sólo ven las tribunas como desfile de vanidad y no como observación del deporte…
De todos modos quien sufre es el espectador y el seguidor que no lleva culpa. El Valencia ya tiene noventa añitos, que nadie juegue con los sentimientos de la afición.
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