
Sendos artículos en dos blogs imprescindibles para los amantes del balompié nos adelantan ciertas claves sobre el porvenir del deporte rey (que no el rey de los deportes, título reservado al atletismo):
* Misceláneas del fútbol
* Minuto 91
Curiosamente ambos blogs en castellano nos llegan desde ultramar. Parece ser que en la vieja Europa esto de los cambios en el reglamento no llama tanto la atención. Quizá porque se da por hecho que la International Football Association Board (IFAB) muta más lentamente que las placas tectónicas.
Atención porque en un descuido quizá el fútbol neandertal que padecemos comience a caminar en paralelo a los avances en materia de reglamentaciones deportivas a que sí están acostumbrados en el Nuevo Continente.
Como crítica personal a estos cambios observo que la mayoría de los ahí reseñados son importados de otras modalidades deportivas. Eso, además de ser un peligro, quizá pruebe que ciertamente esas modalidades le llevan a nuestro incomprendido fútbol una considerable ventaja.
De las que nos dicen pretendidas por Blatter me quedo con la exclusión temporal, que ya existe en el primo pequeño —el fútbol sala—, y que en el hermano mayor —el rugby— ni se recuerda cuando se implementó (se conoce con el nombre de sin bin y dura diez minutos).
La del descanso de veinte minutos es una medida crematística, sin disimulo alguno. Más minutos de descanso, mayores ingresos publicitarios. De ser así, quizá hubiera que recuperar aquella propuesta yanqui que se lanzó con motivo del mundial en aquellas tierras: tres tiempos de treinta minutos, con dos descansos… ¡publicitarios!
Hagan sus apuestas, señoras y señores, que quien suscribe envida a la chica: no habrá cambios y seguirá prevaleciendo el fútbol piedra sobre el fútbol chip.
laaguja también escribe en El espectador
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10 Comemtarios
Probablemente si el cambio de reglamento dependiera de una liga profesional, como en Estados Unidos, en vez de una Federación, como en el caso del fútbol, se introducirían muchos más cambios.
Muy estimable tu observación. Pero permite que vaya un poco más allá. Entiendo que por liga profesional quieres decir “empresa” (como lo son la NFL o la NBA). Y yo me pregunto qué son —perdón, bajo qué criterios trabajan— la FIFA y la UEFA.
Sólo pido que se quiten la máscara y que paguen las tasas y los impuestos que les corresponden sin miedo, porque les vamos a seguir agradeciendo el espectáculo que dan… los equipos profesionales.
¿Entiendes adónde quiero ir a parar?
Laaguja, la diferencia está en que los responsables de la NFL y la NBA se juegan “su dinero” mientras que los dirigentes de la FIFA y la UEFA se forran organizando unas competiciones con unos jugadores que pagan los equipos.
Pero es que los equipos, reconvertidos el 98% de ellos en SAD a golpe de Real Decreto cuando se intentó imitar el sistema yanki de deporte profesional, tampoco pagan como es la obligación de una empresa cualquiera: deuda millonaria a la Seguridad Social, cuando a cualquier emprendedor le cierran su iniciativa tras tres meses de impago; reconversiones de terrenos deportivos para después cederles a precio de ganga otros terrenos municipales; impagos a los trabajadores (los jugadores no son trabajadores al uso); inyecciones de dinero público para salvar la desaparición de la SAD (en Gijón el Ayuntamiento puso a fondo perdido 2.000 millones de pesetas del dinero de todos los asturianos). En fin, ¿para qué seguir?
Si hablamos de federaciones internacionales las concesiones son aún mayores. Ni siquiera pagan los gastos que los gobiernos deben hacer en seguridad: acceso a estadios, conducción de violentos, protocolos de las personalidades que acuden al estadio…
En los USA no se lo creen. Sabes muy bien que allí pagan por todo. Tanta visita a hospitales infantiles con las figuras de los Steelers o de los Lakers no es más que para obtener beneficios fiscales.
Con todo, hay que reconocer que aquel sistema funciona. Y en este que padecemos se ha instalado el clientelismo de la clase política. ¿Cómo llamarías a eso?
Corrupción
Clientelismo, corrupción, demagogia…
Sigan haciendo juego, señoras y señores. El circo no va a cerrar.
no creo que lo de las tres tarjetas y lo de la expulsion temporal se aplique todo junto
pero si van haciendo falta cambios que esto es cada vez mas aburrido
Con una política con neta tendencia conservadora y el sistema actual para la aprovación de un cambio de reglamento (donde se necesitan seis votos de ocho para realizarlo) es casi imposible que se innove algo; la FIFA posee 4 votos e Inglaterra, Escocia, Irlanda y Gales 1 cada uno.
Por otra parte, muchas gracias por hacer mención a mi blog en el texto.
Saludos.
Hasta que no lo vea no me lo creeré… desde que tengo uso de razón creo que el único cambio ha sido el de los 3 puntos en vez de dos en la Liga, el del tercer arbitro… y pequeñas cosas sin importancia. Que lo dejen como está, aunque yo pondría repeticiones al instante en el videomarcador tipo futbol americano con el arbitro parando el partido para ver si fue tarjeta o penalty… sería más justo.
@ -cueto:
Podría optarse por volver a la tarjeta blanca (de menor grado que la amarilla) y la exclusión por diez minutos al ver la tarjeta amarilla. Pero sí es cierto que parece redundante.
@ Leonardo:
Y más conociendo a los personajes que ostentan esos votos, que son unos carcamales de aúpa. Preservar la pureza del fútbol no es mantener el fútbol paleolítico de hoy en día.
Tu blog merece ser citado siempre, tanto por su calidad como por ser de los decanos en esto del deporte y la blogosfera.
@ nosoloSporting:
Si te das cuenta, esos cambios que señalas no afectaron al reglamento del juego, sino a la reglamentación de las competiciones (que los árbitros dejaran de vestir de riguroso negro no es un cambio en el reglamento). Parece que hay miedo a hacer cambios, a probar. En otros deportes cambian una regla del juego (no, no se podría tirar el penalti con la mano, jeje) al comienzo de una temporada y al año siguiente, si no ha dado el resultado apetecido, se restituye como estaba. Eso se llama innovar. Aquí debe de estar prohibido. Y claro, cada año se repiten las mismas necedades. Y no, no se da ningún caos, porque los cambios que se llevan a efecto son informados por los organismos rectores con suficiente antelación para que los profesionales se vayan adaptando.