foto-agencia-efe1Reza el viejo aforismo periodístico, tan viejo como la profesión, que una imagen vale por mil palabras. Si hemos de ser sinceros en la foto que el cronista utiliza para acompañar el entierro del hacha de guerra en Getafe no se aprecia calor humano. Y conste que no pretendo ser picarón.

Algo huele a precocinado. Que no ha sido un gesto espontáneo se colige leyendo la crónica. Ni es de esos besos que nos da la abuela ni tampoco se percibe el husmo del guiso de sus fogones. Un beso enlatado en la corrección y buenas formas que son deseables en cualquier conflicto interno.

Un beso de cara a la galería de paparazzis deportivos. Quizá como era en Getafe y no en una rimbombante ciudad deportiva madrileña no había quien filmara imágenes en movimiento. Nos quedamos, pues, sin poder abundar en los matices, aunque aventuro que ni fue beso ruso ni beso siciliano.

Besó Judas a su maestro, y parece que algunos manuscritos del mar no tan muerto descubiertos hace nada atestiguan que era el discípulo más amado (siempre hemos sospechado que era lo más lógico). Esperemos que no transcurran otros dos mil años para que nos enteremos qué se esconde tras fingimientos tan íntimos y ostentosos.

Aunque sería fácil de adivinar… ¡plata para vos, boludo!

laaguja también escribe en El espectador

Posts relacionados: