Robinho es otro caso Anelka, un jugador dotado pero con la cabeza residiendo en un mundo paralelo ordenado por el desequilibrio y los malos asesoramientos. El brasileño tendrá con los años los destellos de televisión contados. Me pesa ver apagarse una estrella que presumiblemente traía el espectáculo al fútbol.
Robinho ahora se preocupa por sus cumpleaños, las fiestas, las “camisinhas”…pero no se esfuerza en hacer bicicletas, ponerse en forma física, elegir destinos correctos para alargar su idilio futbolístico. Cuentan las malas lenguas que el brasileño se fue del Madrid por una deuda con su antiguo representante; cambio de equipo y fin de la relación con Wagner Ribeiro.
Robinho ahora está deprimido, otra vez, y quiere irse al Chelsea. Posiblemente en el barrio rico de Londres el escaparate le ayudaría a creérselo de nuevo, pero es algo que si Robinho no se lo propone el cachondeo triunfará sobre el trabajo y lo que antes apuntaba estrella se quedará en estrella fugaz…una pena.
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