Es tarde para que el mundo del fútbol aprenda los comportamientos corteses que se dan en otros deportes. Es tarde para que los carcamales de la International Football Association Board (IFAB), las preclaras mentes que elaboran y revisan las reglas del balompié, cambien su visión prehistórica del deporte.
Pero alguien debería diferenciar entre reglamento y reglamentación. Si no quieren retocar el primero ellos sabrán a dónde llevan su deporte. Pero los segundos atañen a la sociedad puesto que el fútbol se halla inmiscuido en el tejido de buena parte de la sociedad occidental.
El Comité de Competición rearbitra y corrige caprichosa y discrecionalmente los nunca declarados errores arbitrales. Y ha decidido quitar una tarjeta amarilla y dejar otra a pesar de enviar al sin bin arbitral al colegiado Pérez Burrull.
Tal vez, y sólo tal vez, si se educara a los millonarios y nada humildes jugadores de fútbol para que no acosaran en tribu al árbitro tras una decisión que les es desfavorable el Comité de Competición tendría que exonerarse de menos sentimientos de culpabilidad.
Y tal vez, sólo tal vez, si los carcas de la IFAB aceptaran las nuevas tecnologías y declinaran utilizar la polémica como la salsa que adereza el fútbol se evitaría el cotidiano acoso tribal al juez deportivo.
Y todos viviríamos mejor y seríamos más felices.
laaguja también escribe en El espectador
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