La sentencia está dictada; Schuster tiene los días contados, se empieza hablando de su destitución y se acaba consumando. El Madrid padece un quejumbroso estado de aletargamiento galáctico (bendita expresión), una mala digestión en parsimonia.

El Madrid va escalando puntualmente los lados más oscuros de la montaña, utilizando el virtuosismo de quien posee y no dispara. El Madrid se desvanece en el humo de la inoperancia, en los barrios del lodo se descubre su debilidad, la debilidad del que observa, la debilidad del que poco aporta, la debilidad de una directiva que supo mal acondicionar un plantel que se veía de lejos corto…no por número; por calidad, por encanto, por demostrar en cada entrenamiento lo que vale. Y para demostrar lo que vale, lo que se tiene, Schuster no sabe hacerlo, o no da con la tecla, o no quiere. Ganó el que jugó; Felicidades Irún.

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