Opinión: Defensa de lo nuestro



Tal vez a muchos sorprenda saber que la pederastia era una institución social con bastante arraigo en la Grecia antigua. Es cierto que no se entendía en los mismos términos de hoy pero algo nos inquieta al saber en qué consistía el paso a la edad adulta desde el punto de vista social y hasta natural: una relación homosexual, consentida por la familia, entre un joven adolescente (eromenos, el amado) que era acogido por un hombre de mediana edad (erastes, el amante) cuya madurez se transmitía al menor durante una temporada a través de la eyaculación y a cambio de un placer de dominación.
No menos llamativo resulta leer cómo los más reputados adivinos en la Roma clásica eran los esclavos, venidos muchos de ellos de Oriente Medio, con exóticos y desconocidos ritos esotéricos, acaso los precursores de tanto estafador telefónico de nuestros días. En esa realidad se enmarca el curioso episodio del rapto de un joven esclavo de nombre Thallus por Apuleyo, quien se lo lleva a un lugar apartado para visualizar el porvenir mediante hipnosis y engaños.

Así que resulta que el mundo que fue la cuna de buena parte de nuestro sustento cultural y filosófico y de la matriz humanista de nuestro desarrollo social cuidaba y creía en una atroz inmoralidad; y que una civilización tan jerarquizada en clases sociales estancas como la romana atribuía una cierta habilidad sobrenatural a quienes ni siquiera trataban como seres humanos.
Debe ser que toda sociedad encierra realidades tan difíciles de creer que sólo el paso del tiempo nos ayuda a comprender. Así que puede que dentro de varios siglos entendamos cómo en la llamada sociedad de la información tenemos que vivir con unos medios de comunicación tan lamentables.

Una publicación pasada de época trataba de advertir del intento de control sobre el Athletic por parte del entorno de la banda terrorista ETA, con el indisimulado propósito de vincular ambos foros y una portada amarillenta e intolerable que sitúa en la diana a algunos futbolistas. El problema se agrava cuando otros medios en apariencia menos extremistas y más sensatos se han hecho eco del aparente hallazgo, otorgando estatuto de validez a unas elucubraciones malintencionadas.
Y todo porque, en el convulso debate social sobre la necesaria reforma de los estatutos del club, una de tantas propuestas la promueve una abogada de Batasuna junto con otros socios afines a esa agrupación ya ilegalizada. Que nadie se rasgue las vestiduras: los clubes reflejan la sociedad en la que viven, y todos sabemos de qué pie cojean los peores estratos de la vasca.

El daño ya está hecho y sólo queda exigir la responsabilidad que corresponda a estos truhanes de la prosa y el verso, zafios apologistas del sensacionalismo, sinvergüenzas que activan conflictos y gestionan el odio que se han encargado de alimentar. Una forma como cualquier otra de fomentar la violencia, dentro y fuera de los estadios de fútbol, carnaza para las víboras y atracción fatal para las mentes calenturientas. Cada agresión que sufra un aficionado del Athletic por los campos de España correrá de su cuenta, cada vez que se nos grite “¡Etarras!” se apuntarán otra muesca en su haber (sin que por supuesto se cierre ningún campo ni se recoja nada en el acta arbitral, sanciones previstas sólo en caso de racismo …).
Una cosa es chapotear en el fango del amarillismo y otra acusar a unos profesionales de colaborar con banda armada: eso se llama calumniar, es bastante grave y da lugar a un proceso penal con todas las letras.

En una sociedad tan fracturada como la vasca, en una atmósfera de tanto rencor, encontrar un espacio de unidad debería ser motivo de esperanza. Un motivo personal, algo que celebrar y llorar juntos, un sentimiento compartido, una excusa para abrazar al vecino. Tendríamos que cuidar al Athletic, aunque solo fuera por ser excepción en un mundo que, a veces, da tanto asco.
Desde dentro, manteniendo vivo el gure estiloa (”nuestro estilo”, es decir, lo que somos y por qué lo somos), y desde fuera, respetando un caso único en el fútbol mundial que mantiene tenue, aunque aún viva, la llama de lo que un día fue un juego entre lo tuyo y lo mío.

Seremos nefastos marcando goles, cómicos defendiendo nuestra portería, soporíferos ofreciendo fútbol; a lo peor, carne de cañón en una liga millonaria y multicultural. Pero siempre fuimos los mejores del mundo tomando conciencia de lo que representamos para un pueblo y una gente que luce con orgullo valores centenarios.

Porque creemos desde hace siglos en ideas que van mucho más allá de la política, porque nos creemos leones y las fauces están para utilizarlas, porque el Athletic somos todos y entre todos lo vamos a defender. Del intento de control de cualquier grupo político (más aún si nos acecha el radicalismo), en el caso de que llegue a ocurrir, y de los terroristas de la imprenta que, a lo que se ve, ya han iniciado el ataque.

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