La Copa del Rey se va transformando en una extraña presencia que aparece en nuestras casas y periódicos. Sólo es una alegría en lugares donde no se puede ver a los equipos de primera, el resto la toma como quien se toma un vaso de agua en la fiesta de fin de año.
La Copa del Rey lleva dando tumbos en demasía, no cambia, no sorprende con un sistema que favorezca a los humildes; esos que se esforzarían por jugarla y no la darían de lado como los enormes mastodontes de nuestro fútbol, que aún hoy la ven como una molestia
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