Es un deber sumarnos a la protesta hacia esas personas que tienen la desfachatez de pasarse las culpas. Ejemplo claro el incidente Monjuit; dícese de la situación bochornosa vivida en el encuentro disputado entre Espanyol y Barça, donde de nuevo el lanzamiento de bengalas (deporte practicado por algunos que se hacen llamar ¿seguidores? de sus equipos) puso en peligro la vida de personas que querían ver fútbol (y disfrutarlo).
Volviendo al hilo de la protesta, sorprende que todavía existan dirigentes que se “pasen la pelota” en casos tan graves. Señores; en casos como este la unión hace la fuerza, no vale con lanzar culpas al vacío, pedir la intemerata de cosas para no hacer nada y lanzar un brindis al sol. Que no señores, que un dirigente es algo más que una exhibición cada fin de semana y una relación pública para medrar a gran escala. El ser dirigente es ser un señor y no caer en el forofismo ni las malas formas. El ser dirigente es mantener la compostura. El ser dirigente, es al menos lo que yo creo, una sucesión lógica del significado de un club.
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