De desagradecidos está el mundo lleno, y no iba ser Robinho una excepción. El Brasileño demuestra con su fichaje por el Manchester City que no quería jugar en el Chelsea, ni se sentía poco valorado en el Madrid; el único y exclusivo valor que pedía eran esos 6 millones de euros que los nuevos propietarios del Manchester City le van a proporcionar.

Mientras, su “representante” se embolsa otra infinita comisión llena de números.

Dentro de dos o tres años Robinho volverá a estar triste.

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