Chiquilladas son las que proporciona Robinho, no porque no esté en su derecho de protestar, que sí lo está. De niño es su actitud desproporcionada y medida al pie de la letra con casos de fugas de otros futbolistas. Robinho se sintió mangoneado con el dominio pésimo del Madrid en el caso CR7, se intentaba utilizar al brasileño como moneda de cambio, y eso duele.

Hasta ahí Robinho tiene razón, incluso lo de decir que le apetece jugar en la Premier (traducción directa de quiero cobrar 6 millones de euros al año y en el Chelsea me los dan) está dentro de la normalidad fútbol-era-empresarial. La Chiquillada viene cuando Robinho rompe y declara sus intenciones; ¿Chiquillada?, sí, chiquillada ya que no debes alterar el vestuario en vísperas del desenlace de la Supercopa ni sabiendo que ya te han dicho que la venta empieza a partir de 40 millones de euros.

Que no Robinho, que por mucha razón que tengas el sí o sí con contrato en vigor pocas veces funciona.

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