La final del torneo de fútbol olímpico tendrá de nuevo como protagonistas, 12 años después de Atlanta ’96, a las selecciones de Nigeria y Argentina. La primera dio buena cuenta de Bélgica, a la que la suerte no le aguantó dos partidos. Los nigerianos vencieron con un contundente 4-1, si bien el gol belga vino a maquillar el resultado en el minuto 88. Sigue la tradición africana en este campeonato, donde llevan unas cuantas ediciones cosechando grandes éxitos para el continente negro.

En la otra semifinal, la tan esperada Brasil-Argentina, aburrimiento. Quizás a mucha gente no se lo pareció. Hay que reconocer que tan sólo ver esas dos vestimentas por el campo ya le predispone a uno a saborear fútbol. Pero no sé si es la falta de intensidad que ha reinado en este campeonato o que ya nos hemos acostumbrado a ver a nuestra selección española mover el balón a la velocidad del rayo… la cosa es que a mí me aburrió. Lo que hoy reza en los diarios deportivos como “el respeto y mutuo conocimiento de ambos equipos”, yo lo calificaría de desidia y lentitud (por no decir co*azo).

El resultado no hizo más que reflejar la siempre mejor disposición en el campo y mayor entrega de los argentinos, que se valieron en esta ocasión del Kun Agüero, mucho más listo en el área que los defensas brasileños. Un 3-0 que no fue tan espectacular y que podía haber quedado maquillado si los postes no hubiesen devuelto un par de disparos de Brasil. Sin embargo, estos chuts con peligro tan sólo se produjeron en el momento en que Argentina se adelantó en el marcador. Hasta ese momento, ambos equipos adolecieron de todos los defectos que han ido arrastrando a lo largo de este campeonato. La jugada fue sintomática. Mediada la primera parte, Ronaldinho se puso a vacilar a Gago pegado a la línea de banda, a 50 metros de la portería. Ronnie pisaba el balón, se reía, pisaba el balón, se reía. Gago le daba una patada, un empujón, una patada, un empujón… así durante tres saques de banda seguidos, un eterno minuto de antifútbol. Ronaldinho creyendo estar con los colegas en la playa y Gago esperando a que Messi viniese a jugar el balón, que esa parte se la han dejado a él.

Al final, Agüero se decidió a hacer algo y los brasileños dejaron de reírse, hasta el punto de que dos de ellos acabaron el antes de tiempo en la ducha porque también se olvidaron del balón.

El sábado, la lucha por el oro. Todas las quinielas apuntan a los sudamericanos, pero también en Atlanta eran los favoritos…

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