La carrera por el oro se encuentra ya en las decisivas semifinales. Una carrera, todo sea dicho, que sólo algunos parecen correr, mientras otros gatean y los más reptan. Al menos esa es la sensación que a uno le queda después de ver algunos de los partidos de este campeonato. Y no creo que sea por el calor, la humedad, etc., es algo que viene de mucho más lejos… de más arriba, si se me permite. El Fútbol y el Olimpismo harían bien en plantearse un divorcio, como va a suceder con el baseball y el softball, que redundaría en beneficio de ambos. Las Olimpiadas se quitarían un lastre de encima y el fútbol dejaría de dar la imagen que está dando. Junto a atletas de todos los deportes que se matan por conseguir una medalla, desde los más humildes y esforzados hasta los astros consagrados forrados de dinero, los futbolistas parecen colegiales castigados sin recreo. Y los que se esfuerzan, no tienen el nivel necesario. Aunque sean campeones olímpicos, no podrán decir que ellos son los mejores, cosa que se presupone a cualquiera que se cuelga un oro.
Bueno, y ya desahogado en pro de mi olimpismo militante, decir que el cruce de cuartos de final tuvo la ración consabida de fijos y de sorpresas que tiene todo campeonato. Frente al previsible, aunque por los pelos, paso de Argentina y Brasil, Bélgica dio la campanada ante una Italia demasiado italiana, mientras Nigeria se deshizo de Costa de Marfil con más facilidad de la que cabía suponer. Tanto Argentina como Brasil necesitaron la prórroga para eliminar a Holanda y Camerún. El Argentina – Holanda no fue ni la sombra de lo que eran esos partidos hace 30 años, con un equipo B de Holanda a años luz del que presentaron en la reciente Eurocopa y una Argentina que hizo alarde de un fútbol lento hasta el sopor, en el que tres pasitos seguidos de Messi ya parecen la jugada del siglo. Siendo sincero, el partido sólo se animaba cuando enfocaban a Maradona en el palco, a ver si le daba por saltar a dar una lección. Un gol en la prórroga de di María deshizo el empate a uno a favor de los albicelestes.
Brasil, por su parte, sigue dando toda la impresión de querer (a ratos) y no poder (casi siempre). En otro aburridísimo partido, necesitaron el tiempo extra para meterle dos goles a una Camerún que jugó con 10 desde el minuto 51, en otro alarde arbitral de doble rasero. Diego pedía a gritos irse a la ducha, patada por detrás sin balón incluida, y el árbitro ni se llevó la mano al bolsillo. Acto seguido, un defensa camerunés ve la segunda amarilla por una falta del montón, de esas que dejan de ser del montón cuando se hacen a un brasileño o un alemán. El defensa montó en cólera con toda la razón del mundo, mientras sus compañeros tuvieron que llevárselo para poder seguir jugando. Finalmente, Brasil se llevó el gato al agua con un 2-0 que fue demasiado premio para sus méritos.
El duelo africano entre Nigeria y Costa de Marfil si dio la talla de lo que se esperaba, con ambos equipos haciendo alarde de fuerza física y desorganización táctica. La diferencia fue que Nigeria sí acertó a meter dos goles que los marfileños no supieron contrarrestar.
Y la gran sorpresa saltó en el Italia 2 – Bélgica 3. Italia demostró que detrás de Buffon tienen un agujero enorme de cara al futuro. Su portero no estuvo ni lejos de lo que se le supone a alguien que viste esa camiseta verde, con lo que los belgas vieron como sus lanzamientos desde la media luna al centro de la portería italiana iban anulando lo que Rossi hacía en el otro área a base de tirar penalties. Italia estuvo más pendiente de jugar a su vieja usanza que de hacer verdadero daño a una Bélgica que tiene más pundonor que calidad. Pero les volvió a salir el tiro por la culata, como en esta pasada Eurocopa. Cuando goleas a base de penalties, tarde o temprano te la pegas. Y esta vez fue temprano.
Así pues, las semifinales por asegurarse la medalla las disputarán Nigeria – Bélgica, toda una incógnita de partido, y Argentina- Brasil, un clasicazo que, visto lo visto, estará muy venido a menos, salvo que Messi salga a divertirse.
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