Leones de vuelta
Si algo caracteriza al fútbol es que nunca se detiene, para lo bueno y para lo malo. El tiempo se relativiza tanto que llega a desesperar si uno no se lo toma con cierta filosofía. No se termina de saborear un éxito cuando hay que coger aire para los retos inminentes tras la esquina, pero poco dura el amargo sabor de la derrota porque este juego tiene algo de eterna revancha. Total, que aún resacosos tras una Eurocopa embriagadora de fiesta y emociones, y con las mejillas aún manchadas del rojo y amarillo del triunfo no hay tiempo que perder y la reunión de voluntades se ha dispersado: rompan filas las selecciones nacionales y corramos todos a abrazar la identidad cotidiana de nuestro club, donde todo es familiar y más cercano. De lo común a lo particular y tiro porque me toca; empieza la pretemporada …
Cuando la mayoría de familias se dispone a descansar y a evadirse de sus problemas, una de tantas ya ha embalado la toalla y el bañador y se reúne hoy en la casa del padre. El Athletic inicia los entrenamientos volviendo al centro de nuestras preocupaciones diarias. El goteo será incesante durante las próximas semanas en las que todos los clubes se prepararán para una larga temporada, renovando las ilusiones de su gente. Al fin y al cabo, en eso consiste el fútbol, en una noria que jamás deja de girar movida por la ilusión de millones de personas que necesitan una feria cada vez más compleja y artificial. Es la época de mirarse al espejo y ensayar gestos, presumir de bronceado y probarse los trajes nuevos, caros, entallados, de diseño.
Nosotros no. No cambiamos de chaqueta: llevamos ciento diez años usando la misma; no compramos trajes ni zapatos de piel, aún calzamos borceguíes y usamos polaina y sombrero. Ni siquiera tenemos espejo porque conocemos de memoria nuestra mirada. Cuando la ilusión se compra con dinero y se renueva con lujos comerciales, el Athletic cierra los ojos, repasa mentalmente sus valores y salta al ruedo un año más con el orgullo intacto. Se escuchan burlas, cuchicheos sarcásticos, negros vaticinios. Es lo mismo, pocos entienden que jugamos defendiendo una idea y no una ansiedad.
Recuerdo una fábula de Hatzenbusch en la que una zorra insta a un león a matar a un asno que murmura contra él. Dice algo así:
“Señor, es fuerza que la sangre corra,
(dijo al león solícita la zorra.)
Sin cesar el estúpido jumento
de ti murmura con furor violento.
-¡Bah! (Respondió la generosa fiera),
déjale que rebuzne cuanto quiera.
Pecho se necesita bien mezquino
para sentir injurias de pollino.”
Pues eso.
Ya trabajan los nuestros, afilan las garras y sudan los colmillos mientras miles de almas aguardan bajo el sol confiándoles el porvenir de su sonrisa.
Rugimos. Fuerza del espíritu, sentimiento Athletic; corazones rojiblancos en formación de a dos. No es un equipo de fútbol, es un pueblo que lucha por seguir su camino. Ya lo dijo Luis Fernández: somos leones, leones con tres cojones.
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Ruben
Post: LOS JUGADORES TAMBIEN SE EMBORRACHAN