No recordamos desde cuándo, porque las más profundas sugestiones suelen perder su fecha de nacimiento, pero vivimos todo este tiempo convencidos de que el fútbol tenía acotado su acceso a la gloria por rutas y senderos que no conocíamos. No sabemos si todo empezó un oscuro y lejano día, quizá fuera un malvado tahúr, tal vez nuestra propia debilidad colectiva. Lo más seguro es que desde siempre este juego fuese un mapa encriptado sin bosque en el que orientarse, un lugar común de frustraciones sin espacio para la fuerza del espíritu, una huida hacia adelante sin retorno, el último verso de un poema sin terminar, una hilera de migas de pan hacia la salida, el rostro del desencanto al empezar.

No nos explicamos aún muy bien cómo ni por qué, pero casi sin esperarlo, ni sentirlo ni soñarlo, hemos abierto los ojos y se ha desvanecido el conjuro. Sospechamos del arrojo del talento y el descaro de la juventud, pero estamos seguros de que hay algo más. Lo cierto es que no hay rastro de aquel pesimismo antropológico, no existe el fatalismo de masas, ni los refranes, dimes y diretes, ni las sombras tenebrosas del destino; no hay lugar para los mitos y leyendas, ni para los fracasos colectivos desde le terror individual, ni para los voceros reales de la discordia.

Vivimos un sueño del que ansiamos despertar para tomar conciencia de lo conseguido. Porque somos mucha gente, buena gente, gente de aquí y de allá, de izquierdas y de derechas, gente que sueña y se despierta, gente que vive sentada y muere de pie, gente brillante y esforzada, que comparte y que reparte, … gente que vive una misma ilusión. Porque un país tan divertido no tiene el deber de sufrir ni el derecho a resignarse al fatalismo, porque somos colores distintos que pintamos un mundo tan singular como plural. Porque desde ahora Europa nos contempla como un referente visual, un espejo en que mirarse, un ejemplo de superación, y porque reconoce que somos los mejores. Porque disfrutamos el juego que tanto amamos, porque merecemos el juego que nos merece. Porque somos españoles. Porque somos campeones.

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