Leo en la prensa que Sergio Ramos ha decidido cancelar todas sus entrevistas y apariciones ante los medios. Al parecer, se siente atacado en lo personal por haber recibido malas críticas en los dos partidos disputados hasta ahora en la Eurocopa por el lateral sevillano. Mala opción, a mi entender, a no ser que lo haga por precaución.
Precaución, quizás, de no volver a sembrar dudas con sus declaraciones, como cuando públicamente se quejó de no tener el apoyo necesario tras una expulsión ante el Mallorca, o se extrañó de que al marcar un gol nadie corriera a abrazarle.

Sergio Ramos es un jugador especial: todo corazón, todo arrojo, todo pundonor. Quizás el defensa más intenso que ha dado nuestro fútbol desde la irrupción de Carles Puyol, otro ser indómito, que, casualmente, tampoco ha pasado por su mejor momento esta temporada. Demostrar todo lo que lleva dentro hace que juegue muchas veces al límite. Cuando las cosas le salen bien, es imposible no asombrarse ante su inacabable despliegue físico y su empuje infinito.
Sus actuaciones con la roja en esta Eurocopa, empero, están muy alejadas de su nivel. Excesivamente blandito y permisivo en defensa, desubicado y errático en ataque, la Selección se resiente por su flanco derecho, donde ni Ramos es el muro que se le supone, ni Iniesta despliega la magia que acostumbra. Y tras Grecia llega una bestia negra. Italia. En cuartos. Dos escollos en uno.
Sergio Ramos, como demuestra su fútbol, es impetuoso, y una línea muy fina separa la virtud del defecto. Los enemigos de Ramos no se encuentran entre la prensa, sino en él mismo: son su juventud, que como todos sabemos, se cura con el tiempo (aunque afortunadamente transformada en experiencia); y sobre todo, su propia ansiedad, que le provoca intentar reparar su error con tanta precipitación, que acaba cayendo en otro error más.
Sergio, no busques fantasmas donde no los hay. No te obsesiones con lo que digan de ti, y sobre todo, no lo tomes como algo personal. Apóyate en tu familia, sí, y en tu fútbol. Pero sobre todo, apóyate en tus compañeros. Lo que es bueno para ti, también lo será para el equipo, y futbolistas como Puyol, Casillas o Xavi son buenos espejos en los que mirarte. Ya sabes el tópico: en el fútbol juegan once contra once.
También puedes leer:




1 Comentario
A mí me recuerda, salvando las distancias, el caso de Cristiano Ronaldo: un joven con muchísimas aptitudes no sabe encauzarlas, hasta que alguien le mete en cintura (Sir Alex Ferguson, en este caso). Sinceramente pienso que lo peor que le ha pasado a Sergio Ramos fue llegar tan joven al Real Madrid, que no es precisamente el paradigma de la disciplina. Habrá que darle aún un par de años más para centrarse. Lo malo es que, mientras lo hace, igual nos deja en bragas el domingo contra Italia, como ya hizo contra Suecia.