Ayer, domingo, fue un día de lecciones. Al margen de la de Pedrosa sobre cómo pilotar una moto, la de Nadal de cómo sacar a pelotazos de la pista al número uno mundial o la de Hamilton de cómo perder puntos del carnet, la Eurocopa de fútbol nos dejó otras tres:
1 – Lección de lo que no es un aficionado al fútbol, impartida por 140 tarados alemanes. La policía se encargó de darles un pase VIP a los calabozos después de darse de tortas con todo lo que se ponía por delante, no sin antes haber dejado temblando las reservas de cerveza austriacas. Y es que dice la gente que Alemania, Polonia y Austria son tres países cuyas conciencias aún siguen muy tocadas por el siglo XX y todo lo que en él pasó, así que la mezcla de ayer era explosiva. Yo, sencillamente, creo que es presuponerle a estos cafres (con perdón de los habitantes de la antigua colonia inglesa de Cafrería, en Sudáfrica) demasiados conocimientos históricos para su capacidad intelectual. Es sólo que no entienden una fiesta ni el fútbol sin dejar claro su antidarwinismo militante.
2 – Lección de cómo fallar goles cantados. Los ponentes fueron Klose y Mario Gómez. La lección se limitó a demostrar que ninguno de los dos tenía su día ante los resoplidos del meta polaco.
3 – Lección de Fútbol, a cargo de Lukas Podolski…en realidad, ésta era la lección que me importaba de veras. Y por eso escribo Fútbol, con mayúscula. En un campeonato internacional cada vez más internacionalizado (de los 6 delanteros de la plantilla alemana, sólo dos nacieron en ese país y se apellidan Gómez y Odonkor…), actuaciones como la de Podolski nos hacen creer un poco más en el futuro de este deporte y en la nobleza que se le supone. Jugó y luchó como el que más y su esfuerzo fructificó en forma de dos goles que supusieron la derrota del equipo de su país natal. Después de darlo todo para que el balón cruzase la raya de gol, se limitó a saludar a sus compañeros, sin celebraciones en un momento de sentimientos encontrados para él. Lejos del mercenarismo y los rencores que invaden este deporte cada vez más, Lukas tuvo la honestidad de hacer su trabajo, de jugar como mejor sabe para su país, que es Alemania, y a la vez no hacer sangre con ello al otro país de su corazón, el que le vio nacer, Polonia. Alemania estará orgullosa de tener a un futbolista así en sus filas y Polonia, si tenía que perder, estoy seguro de que también está orgullosa de que haya sido él quien lo hiciese. Yo, al menos, estoy orgulloso de creer en el mismo concepto de deporte en el que él cree. Y que siga así por muchos años.
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1 Comentario
Cómo me gusta este futbolista!