Tácticas defensivas



España siempre ha presumido de tener una gran defensa, quizás porque muchos pensamos que la pareja Nadal – Hierro inseminó de algún modo la camiseta española para que todos aquellos que llegasen después heredaran algo de lo que nos demostraron. O sea porque Maceda nos dio uno de los momentos más gloriosos que yo, humildemente, recuerdo. O también por lo que en el colegio aprendimos sobre lo bien que se defendió Numancia de los romanos. Lo que sí hemos heredado de estos últimos, los numantinos, es nuestra tendencia al suicidio. Y la ponemos en práctica más de lo debido.

Rengifo, aunque laborioso, sólo era un peruano que pasaba por allí sin malicia ninguna y se encontró con uno de los goles de su vida. Nuestra defensa debía ver en él y en sus compañeros a la terrible maquinaria de guerra romana, con Escipión al frente. Y optaron por el suicidio a las primeras de cambio. Pero no se daban cuenta de que en realidad eran una escaramuza de celtas venidos a menos. Detrás de ellos sí que vienen los romanos, con toda la mala intención, a destrozar nuestras murallas. Y los comandan centuriones como Pogrebnyak, Ibrahimovic y Charisteas, todos por encima del 1,88 de altura. Y no contentos con eso, por si aún resistimos, detrás vienen a rematarnos los generales Luca Toni, Huntelaar, Klose, Cristiano Ronaldo y toda la cohorte en pleno.

Marchena, por favor: recuerda que, como decía el otro día, contigo vamos un trocito de todos. Y yo quiero llegar a viejo. Gracias.

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