Faltan cinco días
La Eurocopa, para los españolitos de a pie, bien podría parecerse a un chiste:¿en qué se diferencia un español de un danés, un griego, un francés, un alemán, un holandés o un italiano?;en que el español no ha visto una victoria en color.
¿Ganaremos este año? ¿Nos caeremos en cuartos, para variar? Eternas preguntas que no tendrán respuesta hasta dentro de unas semanas, pero que ya nos mantienen en vilo frente al periódico, la tele o este blog. “Que sí, que sí, que me alegro por Contador, pero déjame ver a quién lleva Polonia de lateral derecho, que me han dicho que ese tío es la bomba”. Conversaciones como éstas ya se pueden oír en cualquier encuentro matutino alrededor de un café y un diario. Se acerca el calorcillo, las noches largas, las cañas en una terraza y la Eurocopa. El verano arranca bien, sí.
Dentro de cuatro semanas reiremos, lloraremos, diremos medio disimulando que nos daba igual, que a ver cuándo empieza el Tour, etc., pero nadie nos quitará el haber disfrutado de nuevo de una cita de selecciones nacionales. Quizá su fútbol no desprenda el glamour o la precisión mecánica de una final de Champions, pero nos devuelve ese hormigueo en el cuerpo de la rivalidad sana, el amor por una camiseta y, sobre todo, la diversión.
Cuando el balón empiece a rodar, todos seremos uno en pos del objetivo. Todos sentiremos los nervios del que salta al campo. Todos remataremos los corners desde el bar, nuestro salón o el escaparate de una tienda. Y ganemos o perdamos, todos sentiremos la alegría o la desilusión, aunque no queramos admitirlo. Nos daremos cuenta de que, en el fondo, con esos 23 jugadores vamos un trocito de todos nosotros.
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[...] por favor: recuerda que, como decía el otro día, contigo vamos un trocito de todos. Y yo quiero llegar a viejo. [...]