Doce años han pasado desde que el Atlético de Madrid fuera eliminado por el Ajax de la última Champions League que disputó. Han pasado muchas cosas en el club del Manzanares en ese período de tiempo: la muerte de Jesús Gil, el fugaz paso de Christian Vieri o Jimmy Floyd Hasselbaink, el descenso a Segunda División, el ascenso dos temporadas después, el nacimiento de Fernando Torres, la posterior venta del crack madrileño, trece entrenadores, infinidad de fichajes y finalmente Agüero, Forlán y Javier Aguirre.
Y el título hace referencia al último de los citados anteriormente, el técnico azteca Javier Aguirre. Era de extrañar que en el Atlético de Madrid todo fuese sobre ruedas durante una temporada completa. Con el equipo casi toda la temporada en los puestos privilegiados de la tabla, con un entrenador que ha sabido sacar lo mejor de sus jugadores (a excepción del caso Reyes que recuerda al de Ronaldinho, -no es no poder, es no querer-), y con un proyecto muy interesante, poco tardó en meter la pata el que mejor sabe hacerlo en el Atlético de Madrid, su presidente, Enrique Cerezo.
Primero apareció junto al presidente de la Federación, Angel María Villar vestido con la camiseta de su eterno rival, el Real Madrid, poco antes del derbi madrileño, y hace una semana le escuchábamos criticar el juego del equipo y por tanto, poner en duda el trabajo de su entrenador, a micrófono “semi” abierto.
Muchos son los dirigentes que tropiezan con la misma piedra una y otra vez, esperemos por el bien de la afición del Atlético de Madrid, que su presidente se relaje y sepa mantener en el cargo a un entrenador que ha conseguido en dos temporadas lo que la enorme afición colchonera llevaba 12 años ansiando.
Ahora disfruten del momento y dejen trabajar a su entrenador, tal vez pronto Neptuno vuelva a bañarse en champagne.
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