Mal juego en Champions
Mala imagen la que dejaron Real Madrid y Valencia en sus respectivos duelos de Champions. El principal damnificado es el equipo ché, que ni siquiera pudo sumar en su visita a tierras noruegas.
El Madrid recibía en casa al Olympiakos, equipo que actualmente dista mucho de ser una potencia futbolística. El partido parecía pronto de cara cuando Raúl, una vez más, aprovechó su oportunismo sin igual para establecer el 1-0 cuando sólo habían transcurrido 2 minutos de partido. Antes de empezar a sentirse cómodo, un error de la zaga blanca permitió que Galletti rematase a placer un balón servido por Djorjevic, que le acababa de sacar los colores a Salgado, poniendo el 1-1. El siguiente golpe de efecto fue en el 12, con la expulsión de Torosidis cuando Van Nistelrooy se iba hacia la portería. Con un hombre más, y casi 80 minutos por delante, parecía cuestión de tiempo la goleada.
Y así fue, en verdad, pero no como estaba previsto. Al poco de reanudarse el encuentro tras el descanso, un ex-madridista, Julio César, hurgaba un poco más en la herida, colocando un 1-2 preocupante. Tras muchos minutos de zozobra, comenzó el festival Robinho. El brasileño suele ser intermitente, y bastante más espectacular que efectivo, pero esta vez de sus pies, y de su cabeza, vino la remontada, que se hizo esperar hasta el 67, con un Bernabéu en estado de nervios. Primero marcó de cabeza en un centro de Ramos, después provocó un penalty que Van The Man mandó al anfiteatro, y puso el 3-2 en el 82 con un punterazo brutal.
El Olympiakos intentó la heroica, y pudo haber sacado rédito de ella, pero se encontró con la faceta heroica de Casillas, que siempre hace alguna. En el descuento, Balboa marcaba el definitivo 4-2 que castigaba duramente a los griegos, y que deja al Madrid líder del grupo C con 7 puntos.
Peor le fueron las cosas al equipo de Quique Flores, que jugó una primera parte flojísima, en la que los únicos que parecían tener interés en el partido eran Joaquín y Miguel. Salvo sus pocas intervenciones, el resto fue un monólogo del Rosenborg, al que sólo su poca capacidad atacante le impedía volcar el encuentro a su favor.
Ya en el segundo tiempo, el Valencia intentó empujar algo más, y sin embargo, fue el Rosenborg el que aprovechó un mal despeje de Cañizares para que Koné desatase la locura en las gradas. Tan sólo siete minutos después, la sentencia, obra de Riseth, de nuevo tras un córner terriblemente mal defendido. Duro castigo para un Valencia, que a pesar de que aún depende de sí mismo, es colista del grupo B con 3 puntos.
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