Cinco de cinco
Parece que las cosas siguen como estaban: el Sevilla es un equipazo; el Madrid aún es un proyecto en construcción al que le faltan piezas claves. Para empezar, un tipo que haga jugar a los demás; algo, que no por conocido y debatido hasta la saciedad, es menos cierto. Lo más parecido, Guti, se quedó en el banquillo “por decisión técnica” (Schuster dixit).
No sólo dixit sino que se “cabreoxit” cuando en la rueda de prensa tras el partido los periodistas no podían entender cómo los blancos iban a meterle mano a una defensa tan férrea como la que ha conseguido Juande Ramos, basándose en los balones largos de Pepe, Cannavaro o Diarrá, en las esporádicas subidas de Ramos, o en las (ayer más que nunca) estériles bicicletas de Robinho.
Las malas pulgas del técnico alemán, sin duda, estaban justificadas, sobre todo, cuando a cada arreón de los locales, el Sevilla respondía con un nuevo gol. “Así -pensaba Schuster- no se puede”. Y realmente, no se pudo, a pesar de que Palop ayer fue un portero al borde de un ataque de nervios, que midió mal en casi todos los balones colgados, y atrapó uno de cada cuatro, más o menos. Aún así, los goles del Madrid fueron golazos (sobre todo, el de Drenthe que ilustra este artículo). ¿Y los del Sevilla? Muy buenos, también, pero ayudados por una incompetencia defensiva atroz (como ejemplo, en el cuarto, Pepe y Casillas chocan y dejan el balón muerto a los pies del francés Kanouté), y un Diarrá que, preocupado de subir el balón, no guardó las espaldas de su equipo.
El Sevilla, pues, se dedicó a lo suyo. Contemporizó, se sacrificó en defensa, y cuando vio el hueco para hacer daño, lo hizo. Hasta cinco veces, que fueron como cinco puñaladas. Cinco, como las derrotas (sin contar la de ayer) que llevaban los chicos de Schuster en la pretemporada. Cinco, como los títulos ganados por el Sevilla en los últimos quince meses, de cinco finales disputadas. Y ojito, que en nada puede caer el sexto. Que se prepare el Milan. Y de paso, si las cosas siguen así, que se prepare Schuster. Por si acaso.
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Sólo vi la primera parte y el Real Madrid es lo más parecido a un pollo sin cabeza que he visto en mi vida (excepción hecha del equipo juvenil de 3ª regional del Torres Quevedo, allá por el año 93…). Me dicen que incluso en la 2ª parte fue peor.