Queridos lectores de Fútbol de Lux, permítanme que llame así al culebrón que se está viviendo con el central rumano Christian Chivu. Estamos acostumbrados a negociaciones prolongadas, como la de Zidane, la de Ronaldo, la de Ronaldinho o la de Eto’o. Esto ya no sorprende a nadie.
Pero no estamos hablando de ninguno de estos cracks mundiales, que deciden partidos sacándose algún conejo de la chistera, y que arrastran multitudes pasionales a los campos de fútbol. Nada de eso. Estamos hablando de un defensa, que según parece, debe ser el nuevo Baresi, o Beckenbauer, o vaya usted a saber qué.
Aceptamos que es un excelente defensa (no vamos a caer en la mezquindad de ciertos “periodistas” de sacar sólo lo malo cuando nos interesa), de lo mejor que se puede encontrar en el mercado, quizás al nivel de los Terry, Puyol o Nesta. Aceptamos también que la calidad hay que pagarla, y muchas veces, sobre el precio que podríamos considerar “lógico”. Ahora bien, ¿18 millones de € por un defensa que el año próximo queda libre y puede traerse gratuitamente? ¿4.5 millones de euros netos (han leído bien, netos) por temporada, sueldo al nivel de alguna superestrella mundial?
Y eso, por no hablar de la abusiva comisión que el representante de la criatura, Giovani Becali, quiere llevarse en el negocio, que se estima en torno a los 4 millones de euros. En total, una operación, que de ser ciertos estos términos, sale por cerca de 30 millones, sin sumar la ficha de los siguientes años de contrato, a razón de esos teóricos 7 millones brutos.
Lógico es que el representante y el jugador quieran todo el dinero que puedan sacar, pero la cuestión empieza a salirse de madre, hasta el punto en que, primero el Barça y después el Inter, se retiraban de la indecente subasta pública que ha montado el tal Becali.
A todo esto, los diarios deportivos, en un nuevo alarde de desinformación y partidismo, siguen haciendo el ridículo, hasta el punto de que hoy mismo resulta que Chivu está tan cerca del Madrid, como del Barça. Si bochornosa es la imagen de la prensa deportiva de este país (con la excepción de ésta, su página favorita, por supuesto), no menos triste es ver cómo dos históricos de nuestro fútbol son manipulados y engañados una y otra vez para al final llevar al jugador al que ofrezca un par de euros más. Y lo triste, que el que se lo lleve, lo usará para proclamarse mejor que el otro, cuando quizá sea el que ha pasado por el aro.
O puede que al final Chivu no se mueva de la Roma, o que acabe aceptando cualquier oferta, viendo que los demás se han hartado de sus pretensiones. Ya saben, la mejor manera de que se rompa una cuerda es tensándola sin parar.
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