Ventaja comparativa
Siempre he pensado que el Real Madrid tiene una ventaja emocional sobre el Barcelona. No tengo claro si esa ventaja creció desde la convicción o a causa de la confusión, pero no dudo de que se trata en todo caso de una ventaja competitiva. Tampoco acierto a determinar si llegó un momento en que adquirió altura competitiva y después la historia se ha escrito a partir de esa lógica o si en la propia historia terminan apoyándose sus éxitos.
Lo cierto es que el Real Madrid demuestra una capacidad de supervivencia y de adaptación al medio admirable que le permite agarrarse a un clavo ardiendo o al brillo de su blanco universal cuando el presente no augura un futuro acorde con su pasado. La verdadera cara de un equipo sólo se muestra en tiempos de dificultad.
Por su parte, el Barça tiene una ventaja intelectual. Aquí no cabe duda de que al aire cosmopolita de los catalanes les hacía más propensos a influencias futbolísticas del exterior. Necesitados de un diferencial del que enorgullecerse y que defender, tuvieron claro que la definición de un estilo era el mejor camino y les convenció la escuela holandesa. Rinus Michels enseñó el camino y Johan Cruyff demostró que disfrutar del paisaje era la clave para llegar con la cabeza bien alta al destino.
Desde entonces, el barcelonismo lo tiene claro: cuando pierde el rumbo vuelve la vista a su aprendizaje diferencial: se construye en torno a la pelota, acelera las transiciones y abre el campo a más no poder con valiente cortesía. Reinventa su propia idea y se confía a un entrenador holandés.
Tener claras las dos dinámicas explica en parte por qué en el Bernabéu se exige tanto al talento y se premia el sudor. Las bases son los símbolos de su cantera y la calidad y categoría de foráneos con una personalidad especial para jugar allí. Aquí se acaban las ideas inamovibles del Real Madrid y empieza el mito de su leyenda.
Se entiende ahora un poco mejor, por su parte, por qué el Camp Nou es de los pocos lugares donde se entiende el sentido de un pase hacia atrás y se toleran largas posesiones parsimoniosas.
Las señas de identidad del Barça son tan innegociables como atractivas, pero jamás olvidaron la desventaja emocional con su eterno rival.
Valgan estas vagas reflexiones para intentar descifrar algunas decisiones y acontecimientos que se pueden desencadenar la próxima semana.
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