Otros tres puntos “para la saca”. Eso es lo más positivo que se puede sacar del partido de la Selección, que volvió a pecar de falta de instinto asesino arriba, y consiguió un modesto 0-2 ante Liechtenstein.

Todo presagiaba una cómoda goleada, con España tocando el balón a veinte por hora, y con una Liechtenstein que quería jugar al fútbol en la medida de sus posibilidades, y que tiró la línea defensiva a 10 metros de su área. Así llegaron las ocasiones y los goles, por fallos impensables en una selección de nivel.

A los 7 minutos, Villa aprovechó un balón de Cesc para colarse entre los dos centrales, irse del portero y marcar a puerta vacía. A los 13, un centro de Silva fue rematado por el guaje de nuevo, esta vez de chilena. Con el partido sentenciado tan pronto, era cuestión de tiempo la goleada.

Pero esta nunca llegó. La roja se adormeció a sí misma y al público, buscando siempre un pase de más o una situación más clara que nunca llegó. Eso sí, también hizo gala de una lamentable puntería: Iniesta falló una ocasión clamorosa; y Villa, a pesar de los dos goles, desperdició una ocasión idéntica a la del primer gol, e incluso en el tiempo de prolongación de la segunda parte lanzó un penalty a la madera.

Como a la madera mandó Burgmeier la única ocasión local, que debió sobresaltar a Reina, que no sería de extrañar que estuviese dormido hasta entonces. Vaya caritas que se nos hubieran quedado si llega a entrar. Y todo esto con Joaquín de capitán ante las ausencias de Casillas y Albelda.

Al final, una victoria dada por sentada desde el principio, pero que no sirvió para recortar la diferencia de goles con una Suecia que sí hizo los deberes y le metió cinco a Islandia. La Selección “descansa” hasta el verano, y mientras, a lo que todos nos interesa más en estos momentos: vuelve la Liga.

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