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No será fácil de olvidar el partido que se vivió un 10 de marzo de 2007 en el Coliseo Alfonso Pérez. Será un día que, aunque de color negro para los culés, se ha de inscribir con letras de oro en el Libro del Fútbol, pero el libro bueno, ése que narra gestas épicas, hazañas impensables, locuras maravillosas que ocurren en un terreno de juego. Ése donde se dice que el fútbol son once contra once, y que en días como hoy nos hace pensar en la tremenda carga que lleva esa frase, tan aparentemente banal.

Hoy es el día en el que hay que darle gracias al Getafe: no porque le haya hecho a todo un bicampeón de Liga y campeón de Europa sentirse pequeñito e intimidado ante la carga azulona, ni porque hayan sido los hombres de Rijkaard los que cayeran con estrépito. Hoy es el día en que los “pequeños” reclaman sus minutos de gloria, y demuestran que nuestro campeonato es grande, no sólo porque haya dos o tres equipos de nivel estratosférico, sino porque hay muchos equipos de altísimo nivel, que, sin embargo, no copan portadas, salvo en días como hoy.

Por eso, hoy es el día en el que le damos las gracias al Getafe: gracias, por demostrar que si la fe mueve montañas, también puede mover marcadores; gracias, por darnos a entender que los equipos “grandes” lo serían menos si no existiesen estos “pequeños”; gracias, por hacernos confiar en que el fútbol aún conserva ese grado de inocencia y de imprevisibilidad que lo hace tan diferente a otros muchos deportes; gracias, por plasmar con rotundidad que donde no llega el dinero o la calidad, llega la ilusión; gracias, en fin, por seguir demostrando que en el fútbol, son once contra once. Aunque a veces, esos once parezcan muchos más.

Foto: sport.es

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