Una de dos: o el Chelsea no es tan fiero como lo pintan, o bien los equipos españoles se le atragantan. Ya hace dos temporadas, a pesar de la “pájara” terrible que tuvo el Barça es Stamford Bridge, el Chelsea sólo pudo pasar la eliminatoria gracias a un gol ilegal que el Nosferatu del arbitraje, Pier Luigi Collina tuvo a bien ignorar (eso sí, luego los chicos de Benítez los apearon). La pasada temporada, el Barça dejó en la cuneta a los de Mourinho. Y en esta, el Valencia no sólo sacó un resultado importante, sino que en la primera parte le dio una lección de fútbol, y dejó la sensación de equipo temible.

Y como era justo, los ché se adelantaron con un golazo de bandera a cargo del zurdo Silva, que apunta (si nada se tuerce) a gran jugador. De esos de los que decide un partido. Su tanto, por la escuadra, para enmarcar, al igual que la primera parte de un Valencia, que sólo tuvo un susto en un disparo de Kalou al larguero, en una jugada iniciada con una clara mano de Shevchenko.

Así fueron pasando los minutos, con Albelda y Albiol en el doble pivote, destruyendo el poco juego que era capaz de generar el equipo del magnate ruso, que tiene muchos problemas para enfrentar a un rival que le jugó con sus mismas armas. Sin embargo, jamás se puede dar por muerto a un Chelsea acostumbrado a sacar petróleo de la situación más inesperada.

De esta forma, al poco de reanudarse el encuentro, llegó un aviso: una mala salida de Cañizares a un balón lateral hizo que a Carvalho le pegase la pelota en la chepa. Y en el saque de puerta, el balón le cayó directamente a Cole, que le soltó un patadón hacia la puerta visitante: Drogba corrió a por él, Ayala midió mal, y Cañete se volvió a quedar a media salida. Como resultado, el malí picó el balón de cabeza por encima del sorprendido guardameta, y puso el 1-1 en el marcador. De nuevo, sin hacer ningún mérito, el Chelsea conseguía marcar.

Ese gol le dio alas a los blues, que no juegan gran cosa, pero saben empujar y meter al rival en su área. El Valencia empezó a recular ante las acometidas de los locales, y dejó de presionar en el área para meterse en su propia mitad de terreno. Para colmo, Vicente se lesionaba (tiene para un mes de baja), y ni Silva ni Villa tenían la frescura necesaria para darle unos segundos de respiro a los suyos. El marcador ya no se movería, y todo queda para decidirse en Mestalla, pero, si el Valencia quiere pasar, necesitará usar un arma en la que es superior a los de Mourinho: la capacidad de crear fútbol. Sin eso, el partido será a cara o cruz: la especialidad del Chelsea.

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