Sergio Ramos es la viva imagen del Madrid actual: sangrando, de los palos que recibe. Y eso que en los últimos minutos apeló a la heroica, que tantas alegrías le ha dado al madridismo, y llegó a marcar el gol salvador, aunque lo anulara el colegiado Lubos Michel por mano del central sevillano, precisamente.
Capello tenía las cosas claras: “trivote” defensivo con Gago, Diarra y Emerson, para estar bien arropados atrás, y a ser posible, aprovechar la flojera defensiva del Bayern para dejar sentenciada la eliminatoria. Y 10 segundos 10 tardó el Bayern en darle la vuelta a la tortilla: saque de centro, Roberto Carlos controla mal, Salihamidzic le gana en carrera, pasa al centro, y Makaay bate a Casillas. Todo por el retrete en el tiempo en el que un sprinter hace los 100 metros lisos.
Así que Capello puso a calentar a Guti, y mientras, el Bayern avisaba una y otra vez: Podolski, Schweinsteiger y Van Buyten no acertaban con el gol, y a los alemanes sólo les inquietaban las pifias de su propio guardameta, Kahn. Treinta y ocho minutos tardó el Madrid en hacer su primer tiro, que se fue lejos de la portería. Para entonces ya había salido Guti, y el Madrid mejoró ligeramente. En los últimos cinco minutos de la primera parte, tuvieron ocasiones Guti y Van Nistelrooy, aunque la mejor fue el disparo con la derecha de Raúl que salió lamiendo la cruceta de la portería.
En la segunda parte entró Cassano por un desaparecido Higuaín, y el partido pareció animarse, con llegadas de ambos bandos: a una ocasión de Van Bommel la seguía una de Cassano, y luego otra de Raúl. Pero en el 66, y cómo no, a balón parado, Lucio cabeceaba un córner, y ponía un 2-0 que se antojaba definitivo. Incluso pudo llegar el tercero si Salihamidzic no falla un remate de cabeza franco ante Casillas. Quizás todo hubiera cambiado si Lubos Michel llega a ver la agresión de Podolski sobre Ramos, pero el partido ya se había roto, y empezaban a caer las ocasiones por ambos bandos.
La entrada de Robinho fue providencial: a él le hicieron el penalty (aunque la falta de Lucio era fuera del área), y antes de que Van Nistelrooy lanzase, Van Bommel y Diarra fueron expulsados por luchar por ver quién cogía la mejor posición en la frontal del área por si los rechaces. De broma, vamos. El ariete del Madrid no falló, y se presumía un ataque final con todo.
Pero lo único reseñable de esos minutos fue el gol anulado a Ramos en el 89′ por acomodarse el balón con la mano antes de disparar, y la impotencia del Madrid, que mezclado con la debacle física del Bayern, dieron lugar a imprecisiones de todos los colores.
Al final queda la triste sensación de que, en un duelo que antaño era de poder a poder, no se ha clasificado el mejor, sino el menos malo. Y el sábado, puede que la última esperanza de engancharse a la Liga.
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