La gran esperanza (es) blanca
O blanquinegra, para ser más exactos. Por ahora, hasta ver cómo hace valer el Real Madrid en Munich el 3-2 del Bernabéu, nuestra gran esperanza en Champions es el Valencia. Los ché plantearon un partido de igual a igual ante el favoritísimo Inter, el que venía arrasando en el Calcio. Y no es porque en Italia no sepan de qué va la defensa, claro.
Pero el Valencia es ante todo un equipo sólido, que rara vez se descompone. Y cuando no aparecía Ayala, aparecía Cañizares, y si no, Albiol. Qué exhibición la del espigado central, una vez más. Incluso una mano suya salvadora (involuntaria) conjuró una ocasión de peligro. Aún así, hubo ocasiones para los dos bandos: Ibrahimovic, Villa, Stankovic, Morientes… incluso Materazzi pudo aguar la fiesta a los locales, antes de que Marchena se encontrase con el palo a poco del pitido final.
Así, Mestalla vivió un partido intenso y vibrante, con la alegría final del que se sabe en cuartos de final, y un pasito más cerca del sueño europeo por excelencia.
En ese sueño no estará el campeón, el Barça, cuyo lastre de la ida resultó ser demasiado pesado para un equipo voluntarioso, pero que no atraviesa su mejor momento. Poner las esperanzas en dos jugadores que prácticamente acababan de salir de lesiones graves, como Messi y Eto’o, era demasiado pedir. Y más ante un Liverpool que tenía enfrente el partido soñado: un rival obligado a marcar y a jugársela con unos espacios tremendos en defensa.
Y casi fue milagroso llegar con 0-0 al descanso: un larguero de Riise, uno de Sissoko, incluso una triple ocasión que entre Valdés y Puyol acertaron milagrosamente a salvar. El principal (en realidad el único) valedor del Barça era el guardameta blaugrana, que paró todo lo parable, e incluso más; si el Barça llegó con opciones hasta el final fue gracias a él.
La suerte que acompañó a los de Rijkaard en la primera parte, les dio la espalda en el momento más necesario: se congeló el tiempo cuando Ronaldinho logró irse de media defensa, lanzó a puerta… y se encontró el poste. De unos minutos buenos, se pasaba a otros anodinos, aunque todo cambió cuando entró Gudjohnsen. El islandés tiró un buen desmarque visto por Xavi, regateó con calma a Reina, y le dio las postreras esperanzas al Barça.
Al final no pudo ser: el Barça no tiene físico para ir al choque, y cuando su fútbol le falla es un equipo vulgar. Aún así, ganó en un estadio mítico, y se vació hasta el pitido final, que es lo mínimo exigible. La “fosforito” no falló. Los jugadores, sí. Aquest any, no.
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