No sólo en el Ruiz de Lopera ocurrieron hechos lamentables. En el Zaragoza-Barcelona tuvimos que ver como al pitar el árbitro el final del partido, se armó una tangana cuando Milito y César fueron a pedirle explicaciones a Jorquera sobre unos gestos ofensivos que había hecho a la grada tras su portería.
Lo que no sabíamos (o al menos no teníamos constancia gráfica de ello) era el motivo que había impulsado a una persona aparentemente tranquila como el guardameta blaugrana a encararse con la afición local.
Sigo temiendo que tenga que ocurrir una desgracia para que de una vez por todas se empiecen a tomar medidas para mantener a la gentuza alejada de los campos de fútbol. La violencia, el racismo, la xenofobia, y en general, cualquier tipo de odio debe suprimirse de los eventos deportivos. ¿Acaso la gente va al teatro o a los conciertos a increpar a los cantantes o a los artistas? ¿Por qué a otros espectáculos, como el fútbol, sí?
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Porque es lo que se lleva años alimentando. Y porque es muy difícil cambiar tendencias.
Y ojo, que estamos hablando de partidos de primera, retransmitidos por la tele. Que si le echamos un vistazo a los campos de regional. La de barbaridades que he podido ver yo por esos andurriales.