El Bayern escapa con vida
El equipo de Baviera puede darse con un canto en los dientes: se lleva a Múnich un 3-2 que les da esperanza para pasar de ronda. Y eso que el Real Madrid llegó a ponerse 3-1, y con todo a favor para haber sentenciado la eliminatoria. Pero el conjunto de Capello sigue manteniendo los viejos vicios, y acabó sucumbiendo a los envites visitantes.
Como era de esperar, el Madrid comenzó con intensidad, con garra y velocidad. Beckham desorientaba a la defensa germana con continuos cambios de orientación, mientras Guti y Gago, un doble pivote netamente creativo, intentaban hacerse con el centro del campo. No es de extrañar que a la primera ocasión, con sólo cuatro minutos de partido, Van Nistelrooy avisase de que la cosa iba en serio. Tan sólo seis minutos después, el holandés ejercía de pasador, y a través de un hueco imposible, conseguía conectar con Raúl, que al segundo intento, aprovechando la lentitud de reflejos de Kahn, mandaba el balón a las mallas. 1-0 y el capitán agrandando su leyenda.
El Madrid dio un pasito atrás. Fue algo instintivo, apenas perceptible. Pero el Bayern empezó a acercarse a Casillas. Primero, con tímidos disparos lejanos. Luego, con balones aéreos. Y de una falta lejana botada por Sagnol, nació el empate visitante: Lucio se levantaba de forma poderosa, y enviaba un cabezazo a la escuadra madridista, con Cannavaro como espectador de lujo. Corría el minuto 22.
Apenas hubo tiempo para lamentarse, porque en el 28, Beckham, hoy omnipresente, sacaba de esquina, Helguera remataba en el segundo palo, y Raúl, con el flequillo, ayudaba a poner el 2-1 en el marcador, con un Kahn despistado. Y tras seis minutos más, de nuevo era Beckham el que encontraba a Van Nistelrooy, que fusilaba a placer al coloso rubio.
El Bayern, contra las cuerdas, intentó estirarse, pero sus tímidos intentos eran atajados por la defensa madridista, o en última instancia, por Casillas. Se llegaba al descanso con un resultado esperanzador, sobre todo viendo la impotencia del conjunto visitante para crear fútbol.
La segunda parte transcurría de forma anodina, y sólo había que lamentar que Roberto Carlos se resentía de su reciente lesión. También Robinho tenía su oportunidad, con espacios y a la contra, pero el brasileño sufre de falta de confianza y de chispa, y el Bernabéu ya no le pasa una.
Poco a poco, como en la primera parte, el Bayern, viendo la inoperancia blanca en ataque (donde había despejes orientados y verticalidad ya sólo había patadones en largo y mucho cansancio) se animó. Pizarro, que entró en la segunda parte, fue un peligro constante: primero peinó un balón al palo que se había tragado Casillas por alto, su gran asignatura pendiente; y luego sentó a dos defensas con un espectacular recorte, pero su tiro fue blocado por Iker, que aparecía de nuevo para salvar a su equipo.
Y en el minuto 87, cuando todo el Madrid se encerraba a defender el fuerte, Van Bommel encontró un balón suelto en la frontal, y puso el definitivo 3-2. Encima, lo celebró con varios cortes de manga: cierto que en Alemania es una celebración normal a la que no se le da importancia, pero es difícil pensar que tras pasar por el Barça, el holandés no supiera cómo sienta a la afición española. De todas formas, lo que más duele es que sigue pareciendo que por muy muerto que esté el rival del Madrid, los blancos son capaces de reanimarlo.
Al final, la Champions se decide por detalles, y regalos como el de esta noche se pagan caros. Esperemos que los de Capello no tengan que lamentarlo en Múnich.
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