Equivocar el diagnóstico



foto-bbc.jpgUn grupo de coordinadores de Lezama, presuntos expertos en el fútbol base, se ha dedicado con afán a determinar las causas del difícil momento que vive la cantera vasca en general y, por lógica extensión, el Athletic en particular. Ojo a las conclusiones: los niños ya no juegan al fútbol en la calle y en los parques tanto como antes (entre mundos virtuales y prohibiciones ecologistas, se dedican a otras cosas), y los niños deben entrenar más horas, para lo que es necesario reformar la Ley Vasca del Deporte. No hay duda: el Athletic vive un momento de crisis a todos los niveles porque en los parques se prohibe jugar a la pelota.
Perderse en disquisiciones acerca de la relación proporcional entre el talento y las horas de trabajo es simplemente eso, perderse. Porque ni explica los factores tradicionales de la cantera vasca desde arriba hacia abajo, ni potencia las ventajas diferenciales de abajo a arriba; y, ni mucho menos, hace autocrítica o analiza los errores en la contratación de responsables técnicos, en la demarcación de líneas de trabajo o en el descarte de futbolistas válidos. Claro que mientras no se pueda pisar el césped en los parques y las clases de inglés terminen tan tarde, no hay nada que hacer.

Segunda muestra: Terry Venables, ayudante de Steve McClaren en la selección de Inglaterra, achaca en unas sesudas declaraciones el mal momento del equipo nacional a la masiva llegada de jugadores foráneos, y señala como uno de los responsables individuales, por su política deportiva, a Arsène Wenger. Los inventores del fútbol no juegan ni a los bolos y se han complicado el pase a la Eurocopa porque el Arsenal se ha convertido en cantera de la aldea global y los imitadores crecen en las Islas; tampoco gana nada Inglaterra desde 1966 porque cada vez hay más técnicos y futbolistas extranjeros que desnaturalizan el estilo histórico británico (fenómeno exclusivo de la Liga inglesa, dicho sea de paso). ¿Cómo no hemos caído antes?
Claro que reconocer que uno maneja la generación de más talento de los últimos años y ni siquiera sabe si le interesa tener o no la pelota es más complicado.

Son sólo dos ejemplos de dos entidades históricas que no pasan por su mejor momento, aferradas a la tradición de siempre pero agarradas ahora a explicaciones peregrinas. La Sociología es tan extensa que uno suele sentirse cómodo en ella, diga lo que diga, y tan voluble que acoge teorías de lo más variopinto. Pero es que estamos hablando de fútbol.

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