Cosas que pasan



Un gran club como el Real Madrid (el mejor del mundo durante el único siglo computable en la historia de este deporte) está en horas bajas desde hace algunos años. Tiene una prisa desbordada por llegar a donde acostumbraba pero no atina con el camino ni con los medios.

Decía San Juan de la Cruz que para llegar a donde no se sabe, hay que ir por donde no se sabe. Tal vez el Real Madrid debería aplicarse la inversa de esta sabia recomendación: recordar sus valores, sus ideas y su imponente grandeza (lo que todos los madridistas de corazón saben) y a partir de ahí iniciar la peregrinación hacia el triunfo. La urgencia y la necesidad (que son ficticias, que nadie lo olvide) sin la idea memorable de la propia historia conducen por rutas mundanas ajenas a la grandeza.
Algo grave pasa en el fútbol cuando un club tan grande lo pasa tan mal, y los que viven dentro enchufan tantos ventiladores para alejarse la porquería. Entre tanta corriente, siempre se salpica al escudo y la camiseta, que son los que menos culpa tienen y los que más claro explican el origen de los males. Y es una pena.

Puede ser la agitación de los tiempos, la enorme exigencia del fútbol de hoy, o que todos nos seguimos volviendo cada vez más locos, pero la verdad es que asistimos a mucha violencia en algunos partidos. La última jornada de Liga en Ecuador terminó con una vergonzosa pelea callejera entre los jugadores de la Liga de Quito y el Barcelona de Guayaquil en el campo de Casa Blanca. Las imágenes casi herían la sensibilidad y las sanciones han sido ejemplares.
La semana pasada, en nuestra Liga, dos jugadores se enfrentaban a puñetazo limpio (en el doble sentido, pues la mayoría se fueron al aire) y nos sonrojaban a todos. Eso sí, como en España las cosas funcionan así, ambos estarán jugando en veinte días sin ningún problema.
Algo grave pasa en el fútbol cuando no somos capaces de erradicar la violencia y se pierden las formas por un partido. Vale que seamos un espejo de la sociedad en que vivimos, y que ésta no sea precisamente pacífica, pero hay límites deportivos y humanos que no podemos consentir que se violen. Porque es una pena.

Nery Castillo es un hábil e interesante medio ofensivo que juega en Olympiakos (ver video) y es de origen uruguayo. Como su nivel es bastante bueno y no ha debutado con la absoluta uruguaya, se inició una cascada de ofertas de distintas Federaciones para que Castillo defendiera los colores de varias selecciones nacionales…parece que la oferta más convincente fué de los mejicanos, y ahora Castillo actúa en consecuencia: declara su amor por Méjico desde años atrás, está cerca de firmar por las Chivas de Guadalajara e incluso hay quien dice que se ha aficionado a los burritos.

Algo grave pasa en el fútbol cuando se monta un mercado persa hasta en el terreno identificativo
. Se supone que uno juega por los colores de su país por orgullo y sentimiento de pertenencia colectiva. En el fútbol de hoy en día, hasta se compran y se venden los colores nacionales. Y es una auténtica pena.

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Comentarios

Ayer jugaron su mejor partido de la temporada, y aun así, fue un coñazo de partido… No entiendo como estos jugadores (supuestamente buenos), este entrenador (supuestamente disciplinado y serio) pueden hacer semejantes ridiculos.

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