foto-el-blog-salmon.jpgHay pocas cosas que cuesten tanto en la vida como romper una dinámica, dar la vuelta en mitad de una espiral sin que el viento lo arrase todo y lleguemos al final. Sobre todo cuando esa espiral es viciosa y negativa. Entre el ruido de la tempestad, el daño sufrido y el cansancio de remar a contracorriente, muchas veces lo más difícil es escuchar a quien tienes a tu lado y caer en la cuenta de lo que se ha hecho mal y lo que te impide mejorar.

Quien no entienda que el fútbol se mueve en función de ciclos, no comprende de qué estamos hablando, ni es capaz de dimensionar muchas de las situaciones que observamos cada domingo (y que escrutamos cada lunes). Por ahí se explica la tendencia de algunos equipos que parecen “tener la suerte de cara” o, por el contrario “se le juntan todos los males”. Revertir los ciclos, en un sentido o en otro, es complicado, de ahí reconocer los méritos y deméritos que suelen esconder detrás.
Ahora bien, pretender reducir todo lo que pase a la dinámica de los ciclos ganadores y perdedores supone una seducción para todos los que se han equivocado y nadan lejos del mar de la autocrítica.

Todo viene porque el Real Madrid naufragó en Riazor y confirmó su enésima crisis en los últimos años, lo que realmente debiera hacer pensar a todos que jamás salió de esa situación. El madridismo se ha dado de bruces con la misma realidad de las tres últimas temporadas: las cosas se han planificado mal, se han ejecutado peor, el equipo no sabe a qué juega, los periódicos se inundan de confidenciales y sospechosos habituales
. Decía Aldous Huxley que nunca es igual saber la verdad por uno mismo que tener que escucharla por otro: al madridismo se la llevan diciendo muchos y sólo ha querido escuchar cuando no había marcha atrás.

Que se acierte o no en la elección de un entrenador, que funcione una apuesta en el centro del campo, que la idea de juego sea apropiada para el equipo, … forman parte del propio fútbol, de la naturaleza de las cosas humanas. Menos justificación hay para un grupo de jugadores acomodados en decenas de millones de euros, soberbios ante la crítica fundamentada y constructiva y con un estilo de vida que debería sonrojarles. Cosas de la naturaleza humana, supongo.

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