Ayer, hoy y siempre



liverpool.jpgAl fútbol le pasa como a todo en esta vida: cualquier tiempo pasado fue mejor. Así que es recurrente en las tertulias la opinión de que el fútbol de antes era más puro, más casto y más viril, que los jugadores no se quejaban cuando recibían una patada sino que seguían corriendo, que se jugaba al ataque y aquéllo sí era un espectáculo divertido o que todos sentían los colores hasta el tuétano. Está claro: quejarse por recibir una patada desvirtúa el juego, el dominio de la estrategia defensiva no tiene mérito y si el mundo estuviera organizado hace décadas como lo está ahora, ninguno de aquellos jugadores hubiera renunciado a unos colores a cambio de una carrera exitosa y próspera en cualquier rincón del mundo.
Para quien esté inquieto por creer asistir a un fútbol venido a menos, un consejo: nada de preocuparse, dentro de treinta años será estupendo.

Tanto mirar atrás y adelante, tanta comparación, y tenemos al mejor antídoto contra la tortícolis analítica: el Liverpool. El equipo de Rafa Benítez ha perdido dos veces en cuatro días, y en su propio campo, con el Arsenal, quedando eliminado de los dos torneos por KO del fútbol inglés. En la última derrota, cuando el equipo ya había encajado seis goles y el orgullo de los jugadores se desparramaba por la hierba, todo el público se puso en pie, alzó sus bufandas y cantó a voz en grito el mítico “You´ll never walk alone”, la canción cuya versión más exitosa grabaron Gerry and The Pacemakers y que pronto se acogió como himno popular adoptado del Liverpool.

Esa reacción va mucho más allá de una mera anécdota o de un detalle fiel. Donde en otros lugares estallarían los pitos, en Anfield suena el corazón y laten las gargantas; cuando en otros casos se arrojarían al campo hasta los asientos, en Anfield la afición lanza al aire un cántico histórico de orgullo que desgarra el alma del Mersey red y envuelve el ánimo de los que lo observamos desde lejos
.
Entre el verde del campo y el rojo de la sangre y la camiseta, hay tanta tradición, amor y orgullo incondicional que uno no puede evitar ser seducido por tanta esencia del fútbol de siempre y tener al Liverpool como su segundo equipo. Dentro de treinta años el Pool será, por lo menos, tan estupendo como ahora.

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