Cristiano Ronaldo; El Ego elevado al Cubo



La verdad es que uno disfruta tanto con la capacidad de síntesis de los grandes jugadores, que a veces sufre dolores de cabeza cuando ve a aquéllos que embrollan cada acción hasta convertirla en una madeja. Tal vez por eso, cuando me siento a ver jugar a Cristiano Ronaldo, me tomo un par de pastillas. Por si acaso, pero me siento.

Y nos sentamos todos porque sabemos del buen momento del Manchester United, y de la calidad superior del personaje. Sabemos que es un futbolista distinto, que convierte cada acción en todo menos rutinaria y cada intervención en nada previsible. Posee tal gama de recursos técnicos que es algo así como el inspector Gadget del uno contra uno, con tantos perfiles y direcciones de arrancada, maniobra y salida que un defensor necesitaría cuatro piernas y dos cinturas para afrontar el duelo con confianza. Como ninguno las tiene, la salida más honrosa suele ser apartarse con aire distraído o recular hasta el siguiente compañero esperando un error improbable.

Pero Ronaldo tiene un doble problema que confluye al final en uno sólo: su carácter indomable y su espíritu aventurero. Disfruta adentrándose en un mar de adversarios, sorteándolos con su potencia de piernas y su habilidad cercana al prodigio; pero sólo parece disfrutar con eso.

Comentaba Valdano durante el Mundial que le ponía de los nervios verle buscar inmediatamente el videomarcador después de cada jugada para seguir la repetición, lo que denotaba un individualismo elevado al cubo.
Ferguson y Scolari trabajan desde hace años intentando pulir esta extraña y valiosa joya, sabedores de que poniendo el inmenso caudal de talento de Ronaldo al servicio de su equipo, la calidad del grupo se eleva a cotas insospechadas.

Y es que Cristiano Ronaldo busca primero dejar boquiabiertos a todos, desde el primer defensa rival hasta el último y remoto telespectador, y después, si hay suerte, que la acción sea provechosa para su equipo. Dada su evolución y su gran momento, parece estar recorriendo un camino adecuado para combinar mejor efectismo y efectividad, porque si bien el fútbol espectacular es una delicia, cuando nunca produce beneficios es como un coitus interruptus: deja buen sabor de boca, pero también un poso de amargura porque nos falta algo fundamental.

Cuando lo práctica empieza a ser bello, disfruta su creador, y todos corremos a felicitarle; cuando lo enormemente bello comienza a servir para algo, disfrutamos todos y todos nos felicitamos.

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