La Premier y la Navidad en un campo de fútbol
Llega la Navidad, se colapsan los centros comerciales, nos inunda el espíritu promisorio y consumista, se enciende el alumbrado típico … y se apaga el fútbol en España. Esta última jornada previa al parón la juegan algunos con la maleta preparada en la puerta del vestuario, otros con la mujer y los niños embarcando y alguno pensando ya en cómo neutralizar los excesos de la época. Es decir, lo más recomendable en torno a un partido de fútbol.
Mientras, en Inglaterra, los aficionados se relamen ante la maratón de jornadas que se les avecina: nada menos que cuatro en ocho días; padres e hijos hacen planes para ir al campo ahora que hay tiempo libre, los estadios se llenan en un ambiente muy especial y los equipos se mentalizan ante una serie de cuatro partidos que será clave en el devenir de la temporada.
La cuestión, como tantas otras veces, es el lugar en que hayamos depositado la esencia de esto. En Argentina, el fútbol gira en torno a la pelota (lo que supone toda una reverencia al talento), en España, giramos alrededor de los futbolistas (toda una reverencia a los ídolos creados), y en Inglaterra entienden que el elemento fundamental es el aficionado (puestos a hacer reverencias, los ingleses siempre son los más rectos y elegantes).
Un partido de fútbol en Inglaterra es todo un homenaje al espectador, desde el vídeo de introducción hasta el saludo final de los protagonistas en el centro del campo, pasando por la forma de entender el juego y sus consecuencias.
Uno ve por televisión un encuentro de la Premier y siente envidia sana de cada persona que está en la grada: el comportamiento de los jugadores, los cánticos, los campos, … Todo huele a fútbol del puro, a hierba húmeda, incluso a tantos kilómetros de distancia.
Ya que necesitamos admirar algo (pues tanto nos apasiona el fútbol), yo me decidí hace tiempo a admirar a todo el fútbol inglés, por tantas cosas que sólo apuntaré a los extremos: desde haber acunado este juego hasta colocarme a mí en el centro de sus preocupaciones.
Para muchas otras cosas, no hay quien los aguante, pero saben que su fútbol es especial y que no sabríamos vivir felices sin ellos. Por eso, a nadie le puede extrañar la respuesta de Michael Caine en El hombre que pudo reinar :
- ¿Qué sois, dioses?
- Casi, somos ingleses.
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